Aprender alemán en Cali y practicar en Alemania
Alejandro Guerra y Alejandra Hernández comparten el nombre, la dedicación al estudio y el amor por los idiomas; cursan grado once en la Institución Educativa Oficial Jorge Isaacs INEM y tuvieron la oportunidad de viajar a Alemania para fortalecer el conocimiento de esa lengua y aprender de la cultura mediante la experiencia.
Ninguno de los dos había salido del país ni había estado tan lejos de su familia por tres semanas y tampoco imaginaron nunca tener la oportunidad de conocer un país europeo.
A ambos, el correo electrónico donde les informaban que habían ganado la beca los dejó sin palabras. Alejandra fue quien primero se enteró. Ella recuerda que cuando vio la notificación del PASH (iniciativa Los colegios, socios para el futuro – PASCH, del Instituto Goethe), pensó que le agradecían por participar en la convocatoria. Dice que no lo podía creer.
Luego de contarle a su familia que había sido ganadora de la beca buscó a Alejandro y le sugirió revisar su correo. Él vio el mensaje, pero fue tanto el asombro que quedó atónito y no reaccionaba, sus amigos -en cambio- sí gritaban y saltaban de la alegría.
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Y llegó el día…
El día del viaje llegaron ambos con sus familias al aeropuerto, los nervios, la ansiedad y la expectativa afloraba sentimientos encontrados durante su despedida. Los dos jóvenes subieron al avión y ahí empezó su travesía. Llegaron a Bogotá y se encontraron con otros seis estudiantes quienes también viajaban becados con ellos hacia Alemania.
Hicieron escala en Amsterdan, Hamburgo y finalmente llegaron a Bremen a las nueve de la noche, luego de casi 15 horas de viaje. Pero para sorpresa de ellos, había sol. Así terminó su día de viaje, ese día en el que por primera vez salían de su país.
Viviendo, estudiando y ‘turistiando’ en Bremen
20 días pueden ser mucho tiempo, pero también pueden ser muy poco; por eso, el cronograma era ajustado y se cumplía con la puntualidad característica de los europeos. Las clases iban de 9:30 a 12:30, luego el almuerzo y durante la tarde los llevaban a conocer los lugares más representativos de la ciudad. También tuvieron la oportunidad de conocer las ciudades de Hamburgo y Bremerhaven.
A pesar de que la pasantía era para reforzar el idioma alemán, Alejandra y Alejandro tuvieron la oportunidad de practicar el inglés, idioma común para todos los jóvenes que hicieron parte del intercambio pues tuvieron que compartir con ucranianos, croatas, serbios, canadienses, turcos, estadounideses y japoneses. El francés también fue otro de los idiomas comunes. De los tres idiomas, tenían bases los colombianos.
De vuelta a la realidad…
Despedirse de aquellas personas con quienes se crean lazos de amistad compartiendo 24 horas diarias durante 20 días, experimentando emoción y sorpresa de conocer cosas nuevas, es algo difícil y más sabiendo que tal vez nunca más se volverán a ver.
Por eso, en la medida en que avanzaban los días y se acercaba la hora del regreso, los ‘inemitas’ aprovechaban más cada momento. Disfrutaron de una noche de intercambio cultural donde probaron comidas típicas de cada uno de los países representados en los estudiantes, mostraron la cultura colombiana y compartieron detalles para recordar por siempre este momento de sus vidas.
Esa última noche, les permitieron no dormir y compartieron cada minuto con sus compañeros. Poco a poco los recogieron para llevarlos al aeropuerto. Los ocho colombianos fueron el tercer grupo en abandonar la residencia de intercambio. En el microbús la nostalgia y el silencio reflejaba la tristeza de regresar, pero a su vez la alegría por volver con sus familias.
Días después, terminadas las vacaciones de mitad de año, Alejandra y Alejandro se encontraron caminando hacia el colegio y llegaron a un semáforo, la luz estaba en rojo, pero no venían vehículos, sin embargo, ellos esperaron; al cabo de unos minutos se miraron, rieron y recordaron que este fue uno de los aprendizajes que les dejó el viejo continente.
Luz Adriana Cerquera R.