El ‘Coloso Corredor’: El colombiano de más éxito en el mundo de la salsa en Nueva York
La cultura popular salsera en el trópico caleño está repleta de héroes, leyendas urbanas y mitologías rítmicas, entre ilustres cantores, almas danzantes y espíritus melómanos. Uno de ellos fue Humberto Corredor, a quien la administración del alcalde Maurice Armitage, a través de los organizadores del XIV Festival Mundial de Salsa, le quiere rendir un homenaje por su gran aporte a la historia cultural de la ciudad con un magistral perfil que escribió su amigo Umberto Valverde, integrante del comité conceptual del Festival.
Humberto Corredor fue admirado y respetado por los grandes músicos de Nueva York, apreciado por los coleccionistas y todos los amantes de la música. Es el caleño de mejor trayectoria en esta actividad, es un hombre que se hizo a sí mismo, un hijo humilde del barrio Obrero que ganó peldaños y llegó a convertirse en un verdadero sabio de la música popular latinoamericana. Una verdadera biblia, con una colección de 34.000 piezas musicales, en donde existen grabaciones de 78, 45 y 33 RPM, CD, piezas únicas e históricas, con una excelente bibliografía musical.
Humberto Corredor llegó a Nueva York el día que mataron a Robert Kennedy, el 7 de junio de 1968, que al igual que muchos colombianos, apenas terminando su adolescencia, viajaron en busca del sueño americano. Corredor llevaba una pasión por dentro, la música, que había aprendido en el barrio Obrero y en el teatro Rialto.
Empezó como mensajero y se abrió camino hasta que empezó a comprar música de la Sonora Matancera. Una vez el sueño se hizo realidad, se contactó con Rogelio Martínez y obtuvo su confianza. Con el paso del tiempo, Humberto Corredor compró los derechos del sello Stinson, donde grabó la Sonora Matancera a escondidas del sello Panart.
Corredor se transformó de coleccionista en empresario musical. Regresó a Cali con la Sonora Matancera y posteriormente en compañía de Larry Landa hicieron conocer la Típica Novel. Fue socio fundador, con Manolo Solarte y Adán Martínez, de un lugar que cambió la historia de Juanchito: El Abuelo Pachanguero. Discoteca que también fundó en Nueva York, en el sector de Sunnyside, aunque inicialmente se llamó La Flauta.
Compadre de Celia Cruz; amigo íntimo de Tito Puente; hombre de confianza de Rogelio Martínez; descubridor de Pepito López cuando nadie sabía de él; afecto de Mario Bauza, uno de los más grandes de la música latina y el latin jazz; productor de Henry Fiol, de Papaíto, de Melcochita, de ‘Chocolate’ Armenteros, de Frankie Morales y Jimmy Sabater.
Corredor también ha dejado huella como productor musical: Primero fue llamado para hacer un álbum doble de la Sonora Matancera con el sello Seeco en 1974; fue asesor de algunos trabajos con la SAR; pionero en hacer fusiones de música colombiana con el son, como la charanga vallenata de Roberto Torres y Lisandro Meza; descubrió a Papaíto como cantante; volvió a grabar a Pepito López en Cali con la Gran Banda Caleña; creó el sello Discos Corredor, Sonora Records, Mambo Records, El Abuelo Records, Earth Records, Faisán Records, Caimán Records y Cobo Music.
El barrio y el sueño americano
Humberto Corredor era el penúltimo de los Corredor que vivían en San Nicolás, sobre los límites del barrio Obrero, a 20 metros del teatro Rialto, el único sin techo en Cali. Corredor estudió la primaria en la escuela de San Nicolás y el bachillerato en el colegio Bolivariano, aunque con la muerte de su padre se trasladaron a la calle 24 con carrera 9ª, a dos cuadras del parque del barrio Obrero.
El sueño de irse para Estados Unidos se impuso: la gente soñaba con un paraíso de dólares y mujeres rubias. Corredor levantó vuelo siguiendo el ejemplo de su hermano Pedro. De entrada le fue bien. Empezó trabajando en una compañía donde archivaba tarjetas para máquinas de facturación. Se instaló en Sunnyside, en Queens. Un colombiano, Jaime Perea, le recomendó: “Si ahorras algún dinero, compra música”. Como se ganaba 300 dólares semanales, a veces se gastaba 200 dólares en discos.
En la 14, por Donwntown quedaba la tienda del viejo español Moneo, que tenía 60 años de vivir en Nueva York. En dos años le compró 30 mil discos de 78 RPM. Fue ahí donde descubrió el sello Stinson y supo de su existencia. El viejo Moneo llevaba una tarjeta por cada disco, donde apuntaba la fecha de grabación, cuántos ejemplares tenía, en fin, una información invaluable que Corredor también recuperó.
Durante sus periodos de vacaciones, aprovechando realizaciones de pasajes aéreos, Corredor viajó con dos motivos: conocer y aumentar su colección. Fue a Puerto Rico, Canadá, atravesó Centroamérica y bajó hasta el Ecuador. Descubrió que un tema musical lo podía vender en 100 dólares habiéndolo comprado en un dólar. De igual manera, por un tema de Machito le tocó que pagar 100 dólares.
En 1970 hizo realidad lo que parecía un imposible: estableció contacto con la gente de la Sonora Matancera vinculándose como band boy sin remuneración durante seis años. Un domingo se acercó a Calixto Leicea en Cabo Rojeño, uno de los más antiguos trompetistas de la Sonora, para consultarle sobre épocas y cantantes.
Empezó a acompañarlo a los bailes de la agrupación y fue así como se aproximó a Rogelio Martínez, a quien también recogía en el Mustang 68 convertible que todavía conserva como una reliquia. A Rogelio Martínez le sorprendió que un muchacho de 21 años tuviera tanto interés en la música de la Sonora. Estuvo con ellos en Los Angeles, en un show que afortunadamente tiene grabado, donde cantaron Celia Cruz, Daniel Santos, Bienvenido Granda y Toña La Negra, porque Toña no grabó oficialmente con la Sonora.
Para celebrar los 50 años de fundación de la agrupación habanera el dueño del sello disquero Seeco estaba buscando un especialista para hacer un L.P. doble. Al Santiago, creador de la Alegre All Stars, tenía una tienda de discos donde se reunían los mejores coleccionistas: Joe Conzo, especializado en Tito Puente; Tony López, en Tito Rodríguez; René López, en Arsenio Rodríguez y Humberto Corredor en la Sonora Matancera. Santiago recomendó a Corredor pero el dueño de la Seeco desconfió y lo fue a visitar a su casa. En ese entonces, tenía 15 mil discos, contando elepés, 45 y 78.
El sello Stinson
En la tienda del viejo Moneo, Corredor descubrió la existencia del sello Stinson, grabaciones realizadas por la Sonora Matancera con otro nombre para violar clandestinamente el contrato con el sello Panart de Cuba. Por fin encontró una pista: Jack Carl, en Granada Hills, un pueblo de California.
En 1947, el año que nació Corredor, el dueño original de Stinson, ruso de nacimiento, envió a sus hijos de paseo a La Habana. Visitaron La Tropical donde tocaba la Sonora Matancera y les ofrecieron un contrato para grabar con el sello de su padre. Aceptaron hacer 20 temas bajo el nombre de Tropicavana. Entre estos se encontraban “Bigote Gato”, “Se formó la rumbantela”, “Fricasé los pollos”, “Vive como yo”, “El mundo se acaba” y el “Tibirí Tábara”.
Después grabaron 66 temas más. Posteriormente se hacen dos LP con todos los temas. Corredor hizo una sociedad comercial con Jack Carl para explotar esas grabaciones, pero como se encontraba delicado de salud, le otorgó todos los derechos.
Corredor siguió viajando con la Sonora Matancera. Se convirtió en su hijo adoptivo. Por primera vez escuchó a dúo, en Washington, a Celia Cruz y Papaíto. De inmediato, supo que el bongosero de la Sonora Matancera merecía una grabación, que lamentablemente nunca se hizo con la agrupación dirigida por Rogelio Martínez, sino que se llevó a cabo con el sello SAR, de Roberto Torres y Sergio Bofill.
Asociado con Larry Landa, también caleño, se convirtió en empresario de la Sonora Matancera. En 1980 trajeron a la agrupación y la presentaron en el Gimnasio Evangelista Mora. Corredor le pidió un gran favor a Rogelio Martínez: Que Tito Cortés pudiera cantar con la Sonora Matancera y así lo hizo en tres temas. Fue el momento más feliz de su vida.
Además de Rogelio Martínez, Calixto Leicea, a quien consideró su segundo padre, Caíto, Celio González, Elpidio Vázquez, Corredor se hizo gran amigo de Lino Frías, que lo invitaba a tomar coñac. Yayo el Indio, que le dio la pista para encontrar a Pepito López y Celia Cruz, a quien solamente saludaba cuando visitaba a su hermana que vivía por Sunnyside.
En 1981 habló con Rogelio Martínez para celebrar el aniversario de El Abuelo Pachanguero en Nueva York. Raphy Mercado, que también asistió se quedó aterrado por el decorado de la discoteca, llena de flores. Lyda, la esposa de Corredor, se encontraba en embarazo de su futuro hijo Tino y Celia Cruz le pidió ser la madrina. Así fue que se convirtió en compadre de la gran cantante cubana.
Ese festejo de aniversario lo repitió durante cinco años. El sexto lo volvió a hacer con la Sonora Matancera, con Celia Cruz y Johnny Pacheco como invitado especial. En esta ocasión vinieron los de la BBC de Londres a filmar el evento.
Producciones especiales
Entre las numerosas producciones musicales de Humberto Corredor es importante destacar dos por la trascendencia que tuvieron:
1º. El álbum doble titulado “50 años de la Sonora Matancera ”, del sello Seeco, una recopilación que se lanzó en 1975, con 24 temas, en el cual hace un recorrido perfecto por la discografía de la agrupación cubana, en donde se muestra criterio y conocimiento para darle significación a Raúl del Castillo, Víctor Piñeros, Gloria Díaz, Rey Caney y Olga Chorens y Tony Alvarez, que no habían tenido el reconocimiento que merecían. Este trabajo le abrió el camino a Corredor como productor.
2º. El álbum titulado “Afro Cuban Jazz”, de Graciela-Mario Bauza and Friends, con el sello Caimán Records, de 1985, que es un reconocimiento a uno de los músicos latinos de mayor trascendencia en Estados Unidos, como Mario Bauza, quien llega en 1920, empieza a trabajar con Antonio Machín y su cuarteto, posteriormente trabajó con Chick Webb, fundó los Afro-cubans con Machito, dando inicio al latin jazz.
Esta producción, realizada en compañía de Sergio Bofill, utilizó a 20 maestros bajo la dirección musical de Mario Bauza, en donde podemos a Jorge Dalto en el piano, a Víctor Paz en la trompeta, a Ignacio Berroa en la percusión, también a Patato y Daniel Ponce, a Paquito D´Rivera y el mismo Bauza en el saxo y Graciela como cantante. Es una auténtica joya del jazz que los coleccionistas siguen solicitando.
Coda
Corredor volvió a su ciudad, se llevó todos los aplausos en el Encuentro de Coleccionistas que lo recibió como un héroe e hizo el ofrecimiento oficial de la entrega de su colección a la ciudad de Cali, con la condición de construir y crear un Museo de Música Popular, a petición de dos amigos suyos, Mario Alfonso Escobar y Umberto Valverde, después de pensarlo por cinco años.
Una colección que no tenía precio, joyas musicales que merecían un lugar perdurable con unas condiciones especiales por su valor histórico, pero no tuvo eco en la administración municipal.
Lamentablemente, Humberto Corredor murió hace cinco años en New York y la decisión familiar, tanto de Lida, su esposa, como de sus hijos, fue otra. En mayo de 2016, Lida Corredor hizo entrega de dos pares de maracas de Caito, el gran músico de la Sonora Matancera, al Museo de la Salsa Jairo Varela.