Efraín y María revivirán en Cali su historia de amor
Visible deterioro ha sufrido el monumento que en el año 1920 creara el escultor catalán Luis A. Parrera, por encargo de las damas de la sociedad vallecaucana que querían rendir un homenaje al escritor Jorge Isaacs, por haber inmortalizado a la región a través de su novela La María.
La escultura, esculpida artísticamente en mármol de Carrara, donde aparecen Efraín y María leyendo el libro de poesías de Atala, el perro Mayo, la fatídica ave negra y el busto del escritor Jorge Isaacs en la parte superior, llegó de España a la casa del barrio El Peñón en Cali, donde el novelista vivió y terminó de escribir La María.
En 1926 fue el primer trasteo. Pasó del barrio El Peñón a la zona céntrica aprovechando que se ampliaba el puente Ortiz, se daba la construcción del puente España y se inauguraba la Cervecería Alemana, lo cual dio origen al Parque de Efraín y María, pues la escultura fue ubicada sobre un alto pedestal con gradas y barandas, escalinatas, ornamentos para su iluminación, verjas y jardines a su alrededor.
En 1968, tras la demolición del Batallón Pichincha que quedaba donde hoy es el CAM, la escultura fue fragmentada para instalarla dentro de una fuente de agua, a un lado de la baranda del puente Ortiz. El busto de Jorge Isaacs fue separado del conjunto escultórico conformado por Efraín, María, el perro Mayo y el cuervo.
En 1972, tras la construcción del CAM, la escultura fue sacada de la fuente de agua donde se encontraba y reubicada donde está hoy: frente a una pared del Concejo Municipal.
Estos infortunados trasteos conllevaron a que el vandalismo y la ausencia de civismo recayeran sobre ese olvidado y desconocido patrimonio de la humanidad. A María le partieron la nariz, le arrancaron los dedos y la flor que ellos sostenían; la rosa que adornaba su cabeza, está rota; el perro perdió parte de su hocico y el monumento se convirtió en baño público, en exhibidor de quintos de lotería, en fondo de fotógrafos y en parque de recreación de niños.
Para evitar que este patrimonio de la humanidad tenga un final triste, la administración del alcalde Maurice Armitage, a través de la secretaría de Cultura que preside Luz Adriana Betancourt, sacó a licitación la realización de los estudios preliminares, diagnóstico, propuesta de intervención para desmonte y montaje del monumento y estudio para su recuperación, cuya convocatoria fue de selección abierta y la invitación de mínima cuantía, por un monto de $38’477.590, el cual fue publicado en el Sistema Electrónico de Contratación Pública - Secop.
Según Luz Adriana Betancourt, fueron cuatro meses de investigación los que se llevaron los expertos, encontrando excesivo deterioro del monumento debido a los traslados, las pocas condiciones de cuidado y la constante exposición a la intemperie, por lo que se recomendó intervenirla con acciones que perduren en el tiempo.
Ese proceso -agregó la secretaria de Cultura- tarda aproximadamente ocho meses y cuesta $499 millones, por lo que se deberán apropiar los recursos con vigencias del año 2018 para que los restauradores desarrollen un trabajo técnico duradero, pues la escultura ha estado expuesta durante más de 100 años y no basta con hacerle lavados y limpieza, dado que tiene grietas, afectación química por el agua, el polvo, presenta manchas amarillas y negras y esas cosas no se arreglan con panel yeso o cemento blanco, sino con mármol de Carrara, que es difícil de conseguir, pues pertenece a la región italiana donde se obtuvo la materia prima con el que se hizo El David, de Miguel Ángel.
Para el arquitecto restaurador y miembro del equipo consultor de la restauración del monumento, Juan Carlos Cancino, la obra no tiene muchas afectaciones estructurales, pero su traslado ha originado pérdida de sus partes y el vandalismo le ha afectado la parte estética.
Mientras que para el restaurador Gilberto Buitrago este estudio sirvió para que se despertara el entendido histórico y estético del monumento a Efraín y María, para evitar más traslados, no permitir sacarle piezas, alejarla de fuentes de agua, encerrarla, subirla a un pedestal y encerrarla en un espacio amplio, con jardines y custodiado.
“La Administración no puede cesar en su empeño de educar y generar sentido de pertenencia acerca de las obras y monumentos de la ciudad, para que una vez restaurada la escultura, la gente pueda apreciarla al lado de vigías de patrimonio que la protejan y de gestores de cultura ciudadana que sirvan de guías y le expliquen a los visitantes las características de la obra y la historia de amor de estos románticos vallecaucanos”, concluyó Buitrago.
Yuliana Valencia B.