Sea bombero, pero de lejitos
Con el paso lento, pero firme y con la mirada al frente, pero desconfiando de los costados; se vio una pesada figura en medio del humo y las llamas. Sí, era uno de los bomberos voluntarios de Cali que acudieron a los Altos de Menga a sofocar el incendio forestal que llevaba 12 horas sin tregua.
Muy cerca de él se veía otra figura: la de un joven atlético que se movía dando saltos mientras azotaba contra el piso una vieja manta donde veía que brotaba la llama. De brinco en brinco subía y bajaba la loma como si estuviera endemoniado.
La diferencia radicaba en que el bombero profesional cargaba un traje de 28 kilos de peso hecho de fibras orgánicas (lana, algodón) o de fibras sintéticas (Kevlar, Nomex, PBI, Kynol, Gore-Tex, Orlono Teflón), una película reflectante aluminizada, una capa térmica aislante para evitar que el calor llegue a la piel, dotado de un cilindro con aire, chaqueta, pantalón, overol, botas, guantes y cascos.
Estos trajes de bombero -que cuestan $30 millones cada uno- son incómodos y pesados porque están diseñados y elaborados para proteger a los rescatistas de riesgos o peligros causados por incendios como caídas de árboles, picos de botellas y objetos cortopunzantes en el suelo, mordeduras de animales desesperados por la situación, catástrofes o agentes contaminantes, tóxicos, biológicos o radiactivos.
Mientras que el ágil personaje estaba ataviado con una manta, una cachucha, una camiseta, un bluyín y unos tenis.
Y aunque se trataba de un ciudadano voluntario, con muy buenas intenciones y espíritu solidario, en realidad era un potencial problema para los organismos de socorro y seguridad, pues no basta con tener conocimientos básicos en atención de desastres para ayudar en algunas situaciones, sino que debe estar vestido como es debido, coordinado con las instituciones y seguir unas directrices.
Ese fenómeno ha sido recurrente en los tres últimos incidentes presentados en las montañas de Yumbo y Cali, debido a que la comunidad ha querido cooperar con los bomberos ante el inminente peligro que corren las casas, fincas y unidades residenciales aledañas a los incendios forestales.
Y aunque las instituciones han agradecido el abastecimiento de agua potable y alimentos que les han hecho llegar, también ruegan porque las personas no lleguen al sitio de la conflagración y no colapsen las vías de evacuación.
Según el Cabo Marco Gómez, coordinador del Centro de Operaciones del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali, la ayuda más valiosa que puede hacer la comunidad es darles sus espacios. “Estamos infinitamente agradecidos con todas las personas que nos han manifestado su cariño a través de los productos que nos hacen llegar, con las cadenas humanas que riegan agua de manera preventiva y los reportes que hacen a la Línea 119. Les pedimos que hagan buen uso de las redes sociales y compartan lo positivo que estamos haciendo”.
La labor ha sido ardua -continuó el cabo Gómez- hemos tenido que disponer de 150 bomberos, 5 máquinas extintoras, 5 carrotanques, 6 ambulancias, 4 carros de comando, 5 vehículos de logística, 2 máquinas escaleras, mangueras, el helicóptero Bambi y aún así se han quemado más de 100 hectáreas de vegetación y bosque.
Además, organismos como la Oficina de Gestión del Riesgo de la Alcaldía de Cali, el Dagma, la Secretaría de Movilidad, Emcali, la Personería de Cali, la CVC, la Cruz Roja, la Defensa Civil, la Policía, el Ejército y la Fuerza Aérea, han estado presentes en todos los eventos y han sido una ayuda valiosa para el rescate y protección de los animales que han sufrido por el humo, el calor y las llamas, siendo algunos de ellos trasladados al Centro de Bienestar Animal y al Hogar de Paso.
“Todos debemos ser solidarios, respetando los espacios. La ayuda de la comunidad es vital en estos episodios, especialmente cuando de delatar a los pirómanos se trata, pues para nadie es un secreto que detrás de los incendios hay manos criminales, invasores, loteadores profesionales y gente sin escrúpulo que debe ser denunciada por el mal que le hace a la naturaleza. Por eso, nos mantenemos en el pago de $50 millones de recompensa para quienes delaten y contribuyan con la captura de estas personas”, concluyó el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina.
William López Arango.