Así es la historia de nuestra amada Cali, 484 años soñados, vividos, bailados, resilientes

Así es la historia de nuestra amada Cali, 484 años soñados, vividos, bailados, resilientes


Cuenta la historia que el fundador de Santiago de Cali fue un español llamado Sebastián de Belalcázar quien vino a América, en el tercer viaje que realizara Cristóbal Colón (1498).

En 1534 Belalcázar fundó la ciudad de Quito en una expedición enviada por Francisco Pizarro. Posteriormente, en búsqueda de El Dorado entra al actual territorio colombiano y funda las ciudades de Pasto y Popayán.

El 25 de julio de 1536 Belalcázar fundó a Santiago de Cali, inicialmente establecida al norte de la posición actual cerca de Vijes y Riofrío.

Bajo órdenes de Belalcázar el capitán Miguel Muñoz reubicó la ciudad al lugar actual, donde el capellán Fray Santos de Añasco celebró una misa en el lugar hoy ocupado por la Iglesia de la Merced. Belalcázar designó como primera autoridad municipal a Pedro de Ayala.

Durante la colonia Santiago de Cali fue parte de la Gobernación de Popayán, la cual a su vez era parte de la Real Audiencia de Quito. Aunque Cali fue inicialmente la capital de la Gobernación, en 1540 Belalcázar asigna esta función a Popayán.

 

Limites

Los límites de la jurisdicción de Cali varían en diferentes momentos desde su fundación (Escobar:1993,13) hasta 1754 cuando por órdenes de la Cédula Real la ciudad quedó dividida en cuatro cuarteles: al noroccidente con Roldanillo, Riofrío y Yumbo; al oriente, con Yumbo; al sur, con Jamundí; al occidente, con El Salado y Ciudad de Cali. Más tarde, en 1787, la división administrativa quedó establecida únicamente por cuarteles y barrios: Santa Rosa, San Nicolás, San Agustín, Plaza Mayor y La Merced. Para 1808 se anexan los barrios Buenavista, El Peñón, y, por último, San Fernando.

 

Población

La mayor parte de la población estaba concentrada en las haciendas y la vida rural giraba en torno a estas. Sin embargo, al pasar de los años los barrios se fueron extendiendo y la ciudad adquirió un mayor dinamismo.

En algunos casos, la realización de los padrones no obedecía a las disposiciones municipales y su información podría ser incompleta ya que gran parte de los habitantes vivían en las afueras de la ciudad a finales del siglo XVIII y no siempre se incluía la población de las haciendas que se encontraban dentro de la jurisdicción de Cali.

Así, por ejemplo, no se contemplaba la población ubicada en la banda oriental del río Cali en las haciendas El Aguacatal y Quebradaseca. Lo mismo sucedía con la población de las haciendas Los Ciruelos y Barionuevo en la banda nororiental de río; la de las haciendas Cascajal, Cañaveralejo, Meléndez y El Limonar, al sur de la ciudad o, hacia el noroccidente del río Cali, la población de las haciendas Chipichape y San Isidro.

Según los padrones, por ejemplo, en la parte urbana habitaban las familias “nobles“, las cuales controlaban las propiedades en torno a la Plaza Mayor y el barrio La Merced. Sus linajes estaban asociados a los primeros conquistadores, gozaban de alguna riqueza y   heredaban por sucesión los latifundios (Colmenares:1976). De la misma forma, los mineros y comerciantes, dueños de una propiedad urbana gracias al auge minero en el Chocó, se distinguían del resto de la población o de las llamas “castas”.

Se acuerdo con los padrones, las castas se referían a los mestizos, incluyendo a los pardos, mulatos y zambos, es decir, al grueso de la población que habitaba en Cali y sus jurisdicciones. Así mismo, se encontraban los indígenas supervivientes, los cuales conformaban un grupo flotante que se dedicaba a labores productivas.

De esta forma, a través de los padrones se evidencia el surgimiento de nuevas categorías sociales de carácter técnico. En 1793 Cali contaba con solo 6.548 habitantes de los cuales 1.106 eran esclavos. Las haciendas eran propiedad de la clase española, quienes tenían numerosos esclavos y dedicaban sus tierras a la ganadería y la siembra de la caña de azúcar. Muchas de estas darían origen a los actuales barrios, Cañaveralejo, Chipichape, Pasoancho, Arroyohondo, Cañasgordas, Limonar y Meléndez.

(Fuente: Archivo Histórico Municipal).

 

Poblamiento y crecimiento urbano, una aproximación al proceso vivido en Cali

 

Una lectura que permita conocer la historia de una ciudad es aquella que pueda relacionar de manera lógica sus transformaciones más significativas en torno a aspectos tan importantes como lo son la demografía, el crecimiento espacial con sus cambios ambientales, las transformaciones sociopolíticas o culturales y los procesos económicos más determinantes que redefinieron su devenir como ciudad.

Sin pretender hacer una descripción tan minuciosa, esta breve reseña es una tentativa de presentar a los lectores una mirada panorámica muy general del desarrollo de Santiago de Cali, a partir de una periodización que contiene cinco momentos socio históricos los cuales hacen un recorrido desde los primeros emplazamientos poblacionales hasta la descripción de Cali como Distrito Especial. Para esto, hemos tomado como punto de referencia las reflexiones realizadas por el urbanista francés Jacques Aprile-Gniset[1] y las del economista e historiador de nuestra ciudad Edgar Vásquez Benítez[2]. Este abrebocas es una invitación a seguir indagando, conociendo y debatiendo sobre nuestra ciudad:   

 

Algo sobre el origen

En la revisión de documentos que reposan en el Fondo Cabildo–Concejo del Archivo Histórico de Cali AHC, respecto a la fundación de la ciudad encontramos registros realizados por soldados, frailes y escribanos que hacen referencia a la creación de estos poblados, algunos de estos testimonios nos indican de la compleja conformación social y cultural en estos primeros años. Como bien lo relata Aprile, para el caso de Cali tempranamente en el año 1563, ya es latente la presencia de un mestizaje entre españoles, indios y mulatos. Lo que se evidencia en estos primeros testimonios que contienen información de carácter censal:

  “hacia 1572-75 la ciudad seguía más estancada que próspera, y según Juan López de Velasco “hay en ella 36 vecinos, los 24 encomenderos y poco más pobladores y tratantes…”. Pocos años más tarde, “En 1580 se cuenta 36 vecinos (Hogares, familia y servidumbre) para unos 360 habitantes”. Del año 1582 es la “relación” de Fray Jerónimo de Escobar, en la cual dice de Cali: Los indios de la jurisdicción no pasan de dos mil y “estos están encomendados en diez y nueve o veinte vecinos”[3].  

Con lo que concluye el maestro Aprile

 “Sintetizando la información anterior, con más de 40 años de existencia Cali no pasaba de ser un villorrio habitado por unas cien familias. Esta última cifra nos resulta capital para intentar esbozar un primer retrato del poblado: correspondiente a cien solares, y estos deben ocupar 25 cuadras de solares; sumados a la Plaza Mayor y los solares y cuadras de las instituciones (Cabildo, Cuartel, Cárceles, Capilla y Conventos) indican un recinto urbano no inferior a unas treinta manzanas”[4].

 

La ciudad Indiana

El autor ubica la ciudad indiana desde principios del siglo XVIII haciendo especial énfasis en algunos momentos coyunturales en los cuales se destacan la poca presencia de españoles en la ciudad que no superaba el número de 50 hombres. El padrón del año de 1777 permite conocer que hubo una población de 5.384 personas en el recinto de la ciudad, con una presencia de aproximadamente dos mil esclavizados y un número de 42 personas en cargos eclesiásticos; para el año de 1793 se van a registrar en la jurisdicción territorial un número de 15.476 habitantes y en el recinto de la ciudad un numero de 5.690 moradores, cabe destacar la importancia del alto grado de mestizaje que se ve reflejado en el estamento de la población denominada los libres de varios colores con un número de 4.784 personas que representaban un 73 % del recinto de la ciudad, como dato significativo el grupo que asocia tanto a los libres de varios colores como a los esclavizados sumaban más de 90 % de la población.

Son estos datos los que explican la especialización de los espacios y los tipos de edificaciones que se dan en el crecimiento urbano de una ciudad regida por una estructura de Castas.  La distinción social se ve reflejada en lugar donde habitan estos grupos humanos: las autoridades locales, los amos y gentes nobles se ubicaban en el barrio La Merced y un poblamiento diverso de masa plebeya hacia los barrios de San Francisco, Santa Rosa y San Nicolás.    

Como en toda ciudad colonial americana el trazado cuadriculado en forma de damero estaba compuesto por un centro radial, la plaza donde se instalaban las instituciones de gobierno y a partir del cual se delineaban ordenadamente las calles y se conformaban sectores específicos y jerarquizados socialmente. Esta ciudad cuadriculada fue la base de todo el sistema de justicia, administración, defensa e Iglesia durante el periodo colonial.

 

Ciudad republicana

Continuando con el texto de Jacques Aprile Gniset -el cual retoma las obras de autores como Heublyn Castro, Francisco Zuluaga, Zamira Díaz, José Escorcia, Edgar Vásquez Benítez, Jairo Henry Arroyo y Luis Valdivia- este sostiene que el trazado de origen colonial va creciendo y se va bifurcando hacia el suroccidente montañoso y la zona llana del oriente. Citando a José Escorcia para conocer un poco del periodo de 1830-1850 nos dice:

“Es de señalar que en 1830 el cantón de Cali es la primera; a su vez, está compuesta por cuatro barrios urbanos ahora con estos nombres: La Merced, Santa Rosa, Santa Librada, San Nicolás… El carácter de centro agrario queda reflejado en cantidad de oficios que se realizan en el entorno agrícola, registrados con las categorías de: hacendado, labrador, mulero, minero, jornalero, mayordomo, vaquero, bueyero, carbonero, adobero. Es de observar que en Santa Rosa los hacendados (14), labradores (86), muleros (4), jornaleros (59), vaqueros (2) y un bueyero, imprimen al barrio una fisionomía social muy rústica”[5].

En relación con los espacios de ocio y esparcimiento de esta joven sociedad republicana se identifican entre pulperías y chicherías unas 43, de las cuales 42 eran atendidas por mujeres y se distribuían así: 7 en La Merced, 16 en San Nicolás y 20 en Santa Rosa, lo cual nos indica el carácter popular de los dos últimos barrios. Pasando a las décadas finales del siglo XIX y los inicios del siglo XX, los datos estadísticos facilitados por April son los siguientes:

“Estancada la demografía desde décadas atrás, en 1870 la ciudad no pasaba de 12.742 habitantes (E. Vásquez), y estaba en el mismo nivel demográfico que en 1843. De tal manera que resultaba casi igualada por el puntaje y muy próspera Palmira, con 12.390 habitantes. En 1884 aún no alcanzaba 15.000… Luis Valdivia indica una población de 25.528 habitantes, equivalente al 82,2 % de la población municipal total… propietarios urbanos son 1.023 y propietarios rurales 914 (casi la mitad), para un total de 1.937, cifras que tienden a evidenciar las persistencias agrarias en la economía urbana, en el habitad y en las mentalidades”[6]

Para complementar los datos demográficos, los aportes entorno a los cambios socioculturales y del incipiente desarrollo urbano de Cali facilitados por el autor, es importante mencionar las obras públicas que se realizaron desde la segunda mitad del siglo XIX en la región suroccidental.

Al respecto, durante el periodo de 1860-1890 se dio el continuo mantenimiento y creación de los caminos públicos que buscaban mejorar la comunicación y comercio de Cali con los actuales municipios de Jamundí, Yumbo, Candelaria y Palmira. Sobre el Río Cauca se construyeron más de tres pasos a través de los llamados Ferri o Barcas Cautivas que mejoraron significativamente la fiscalización de productos agrícolas que ingresaban a Cali aumentando el recaudo de impuestos para el Cabildo Municipal.

Otra obra de suma importancia fue el mejoramiento del camino hacia Buenaventura lo cual permitirá exportar los productos y materias primas que llegaban al Puerto de Juanchito gracias a la navegación a vapor que se comenzó a dar de manera continua hacia finales de la década de 1880.

Quizás la obra más importante es el inicio de la construcción del Ferrocarril del Pacífico en 1871, el cual llega del Puerto de Buenaventura a la ciudad de Cali en 1915. Por último, mencionar los desarrollos urbanísticos de creación de servicios públicos ligados a pilas de agua, realización de acequias, creación del Matadero Público y la puesta en funcionamiento de la Galería Central entre los años de 1894-1897. Estas obras en su conjunto transformarán la vida del Distrito de Cali hasta convertirla en la capital del naciente Departamento del Valle del Cauca en 1910. 

 

Proceso de modernización en Cali 1910-1960

La creación del departamento del Valle del Cauca fue un cambio administrativo y territorial que redefinió la vida social y económica del sur occidente colombiano. La designación de Cali como su capital estuvo acompañada de una serie de sucesos y obras que daban cuenta de un cambio de mentalidad en los grupos sociales que conformaban la ciudad. Algunos de estos cambios tuvieron que ver con la creación de la primera Cámara de Comercio, la fundación de la Arquidiócesis de Cali, la creación del Tranvía Municipal que comunicaba el centro de la ciudad con el puerto fluvial de Juanchito, la creación de la Compañía de electricidad y la creación de la compañía telefónica, entre otras obras que jugaron un papel importante en el desarrollo económico, social y cultural del nuevo departamento.

Para el período de 1920-1930 Cali había pasado de una población de 26.358 en 1910 a una población de 75.670 para 1928. Surgieron los primeros barrios obreros que daban cuenta del mundo fabril ligado a las nuevas técnicas y formas de trabajo moderno que trajo consigo el Ferrocarril del Pacífico. Hubo un crecimiento urbano ostensible donde se vivió el traslado de las clases altas y medias que habitaban el centro fundacional hacia las nuevas urbanizaciones ubicadas al norte y sur de la ciudad donde se consolidaron los barrios Granada, El Centenario y San Fernando. El área municipal se densificó hacía el oriente en la zona que se conoció como la “despensa agrícola de la región” donde los corregimientos de Puerto Mallarino y Navarro, que vivían su época dorada a través de la producción y comercialización agrícola, se fueron poblando. Hacia el occidente los corregimientos de La Buitrera, Meléndez, Cañaveralejo, Montebello y Golondrinas vivieron procesos vertiginosos de poblamiento a través de la extracción y comercialización del carbón mineral que se sacaba del piedemonte de la Cordillera Occidental. 

Estos desarrollos en las mejoras de las carreteras, en los modernos sistemas de transporte, la creación del mundo fabril, el auge de las casas comerciales, los incipientes inicios de una industria azucarera y panelera fueron determinantes en la conformación de una economía capitalista moderna en la cual se soportan los cambios sociales y culturales que se manifestaron a través de los teatros, la radio, el cine, la música y el deporte.

Es el momento de la aparición de las nuevas formas de protesta social, la organización gremial, la conformación de sindicatos, la recuperación colectiva de tierras ejidales, la creación y difusión de la prensa obrera a cargo de líderes sociales y dirigentes políticos que venían del liberalismo radical y habían conformado en el naciente Partido Socialista Revolucionario.

Entre las décadas de 1930-1950 se vivió un proceso vertiginoso de expansión territorial y crecimiento económico de los ingenios azucareros en el Valle del Cauca, los cuales veían como problemático la falta de control sobre las aguas de las diversas cuencas hidrográficas que nutrían el río Cauca, junto a la demanda de una mayor fuente de energía para la región fueron los motivantes principales para la construcción de la planta hidroeléctrica de Anchicayá.

En 1948, la dirigencia económica de Cali lideró la creación de un ente autónomo descentralizado que promoviera el desarrollo de la región lo que dio origen a la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC).  Este proyecto de interés nacional e internacional tuvo unas implicaciones ambientales que buscaban controlar las crecientes constantes de los ríos circundaban la ciudad de Cali a partir de sus canalizaciones y la realización de jarillones, es así, como se logró el desecamiento de diversas lagunas, madres viejas y espejos de agua que facilitaron el desarrollo urbano de carácter informal que se dio a partir de los años de 1970 en el oriente de la ciudad, conocido popularmente como el Distrito de Aguablanca.

El proceso de industrialización acelerada que promovió un incremento en los procesos migracionales de muchas familias traídas por el desarrollo económico de la ciudad y de otras golpeadas por la violencia intensiva en las zonas rurales del país, generó dinámicas multiculturales en las cuales se fue tejiendo una estética propia de ciudad.

Entre estas nuevas influencias, el maestro Edgar Vásquez hace énfasis en las músicas mulatas que llegaron del Caribe urbano las cuales se fueron asimilando, apropiando y reinventando, definiendo así unas cotidianidades propias de los barrios de obreros y de aquellos recién habitados por familias de diversa procedencia: de origen campesino, arrendatarios de inquilinatos, destechados y desempleados, en general sectores que escapan a una categoría socioeconómica formal. 

Tanto estos proyectos económicos de gran envergadura como los procesos de configuración social y cultural vividos en Cali a partir de la segunda mitad del siglo XX se oficializaron simbólicamente a partir de un acto festivo que tiene vigencia hasta el día de hoy: La Feria Internacional de la Caña de Azúcar, hoy Feria de Cali. Fue en este momento de auge industrial y desarrollo urbano en que la ciudad posicionó un lugar en el sitial del mundo cultural al ser reconocida como la ciudad de la memoria musical o capital mundial de la salsa.

 

Del crecimiento urbano inusitado al Distrito Especial 1970-2020

El llamado auge industrial de la ciudad comienza su declive hacía inicios de la década de 1960, pasando así a un quinto momento socio histórico. A partir de estos años Cali desarrolló un sector terciario, la ciudad de servicios, hondamente afectado por el cierre del mundo fabril del centro y su desplazamiento hacia el municipio de Yumbo

Es así como la ciudad participa en los procesos de globalización económica que van a regir al mundo hasta nuestros días. Proceso que incidió directamente en el crecimiento y desarrollo de una ciudad fragmentada donde encontramos una parte céntrica formalmente planeada y el desarrollo de una ciudad informal tanto en la zona de ladera como al oriente. 

En los primeros años del siglo XXI este proceso de crecimiento urbano fue constante hasta llegar a los límites administrativos, lo que conllevó a la creación del Sistema de Transporte Masivo Integrado de Occidente MIO, proyecto de ciudad región que se soportó en la cualificación del transporte intermunicipal en varios aspectos, pero en especial en el de acortar el tiempo de distancia entre la ciudad industrial ubicada al norte y la ciudad universitaria ubicada al sur. Cali pasó de tener una población de 858.929 habitantes en 1970 a ser una ciudad que contiene en su diario vivir a una población mayor a la registrada en el Censo 2018, que es de 2.119.901 habitantes.

Este crecimiento poblacional se vio reflejado en una densificación extrema de los núcleos residenciales ya conformados y en el crecimiento urbano constante hacía el sur, oriente y norte de la ciudad, vivimos actualmente un proceso de conurbación urbana en los cuales los habitantes de los municipios de Jamundí, Candelaria, Palmira y Yumbo ya tienen una presencia habitual en el mundo laboral y comercial de Cali. Son estas dinámicas de conurbación y crecimiento demográfico que han motivado los procesos de redencificación del centro fundacional con proyectos paisajísticos como los realizados en el Bulevar del Río Cali y los procesos habitacionales y comerciales que se dan en los barrios populares del centro con el proyecto llamado Ciudad Paraíso.

Todo este conjunto de procesos migracionales que inciden en los desarrollos urbanísticos y en general de los cambios sociales, culturales y económicos que se viven en estas primeras décadas del siglo XXI en la región del suroccidente del país fueron los que llevaron a expedir la Ley 1933 de agosto de 2018 que declara la ciudad de Cali como Distrito Especial, deportivo, cultural, turístico, empresarial y de servicios de Colombia.

 

Por: Equipo Patrimonio Cultural Material, Secretaría de Cultura. 

 
Versión para web basada en fuentes secundarias.
 

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Fecha de publicación 11/05/2004
Última modificación 24/08/2020

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