El mundo se contagió por el estilo caleño para bailar
Fueron muchos los atractivos del Festival Mundial de Salsa 2010, al punto tal, que los bailarines que se inscribieron fueron 1.960 participantes, en búsqueda del título.
Las 13 orquestas que participaron en la modalidad de ensamble, en su presentación, recibieron los más elogiosos comentarios del público y también los más calurosos aplausos de la noche. Los bailarines extranjeros llegaron a tratar de derrotar a quienes en la distancia y por videos o programas de televisión admiran desde hace tiempo. Los talleres de baile dejaron pasos para estrenar en los caleños, pero en especial en los extranjeros que irán a sus países de origen a presumir del nuevo estilo que aprendieron en “la capital mundial de la salsa”.
Los artistas invitados: Willie Rosario y Yuri Buenaventura, el primero, Puertorriqueño decano de la música y el segundo un Colombiano al que el mundo empieza a dale un lugar de preeminencia y con quienes se le rinde un homenaje a la salsa en sus 50 años.
Por la belleza de las mujeres, por la espectacularidad que ofrecen los bailarines durante sus actuaciones, por la gratuidad de los espectáculos, por la interrelación de los caleños sin distingo de clase o color, por el esfuerzo de la Administración Municipal liderada por el alcalde, Jorge Iván Ospina, y su Secretario de Cultura y Turismo, Argemiro Cortés para visibilizar, promover y exaltar el baile de la Salsa, por el espacio que se ofrece para que los caleños se reconozcan en su caleñidad sin importar de dónde hayan llegado, por celebrar la vida en la música y en el baile, por todo esto, es que noche tras noche miles de personas llenaron las graderías de la Plaza de Toros Cañaveralejo.
Llegaron desde tempranas horas de la tarde y esperaron pacientes a que se abrieran las puertas a la alegría. Hicieron filas que parecerían no tener fin, para aplaudir y avivar en plural a sus ídolos modernos: los bailarines de salsa que sienten suyos porque vienen de sus entornos, porque han salido de esos barrios en donde se exorciza la tristeza con alegría y en los que la pobreza se ahuyenta con música y pasos de baile que marcan caminos hacia la felicidad.
El festival de salsa se movió a toda la ciudad en torno a ese rito antiguo que se llama ´danza` y que en Santiago de Cali tiene sello de espectáculo. Un espectáculo que ya camina el mundo con pasos propios y que recibe reconocimiento allende los mares: la forma de bailar y que ya empieza a denominarse en elogio como “la maldición caleña”. Todo esto valió la pena.
/Manuel Tiberio Bermúdez /manuel.bermúdez@cali.gov.co
Foto: Manuel Tiberio Bermúdez