En Felidia hubo “Toque de queda” para perros y gallinas
Los agentes de la subestación de Policía del corregimiento de Felidia tenían la orden estricta de su comandante, Intendente Luis Alberto Rojas, de arrestar todo perro o toda gallina que estuviera en las calles de la vereda Santa Helena entre las 10:00 de la mañana y las 4:00 de la tarde del domingo 1º de mayo.
A Doña Bertha esta medida le trajo muchos problemas. Condesa -su perra- estaba en celo. Y justo ese día festivo en el que se conmemoraba el Día Internacional del Trabajo, fue el escogido por los siete perros de su vecindario para ir a enamorar “a la mona”.
No le quedó más que improvisar una sala de espera canina en el patio de su casa hasta que se levantara la medida, pues ésta se había tomado porque en la Vereda Santa Helena del corregimiento de Felidia se desarrollaba por primera vez la “Competencia de Carros de Balineras” con la que se habría de atraer turistas y promocionar la industria económica y cultural del sector.
Emiliano Giraldo, Presidente de la Junta de Acción Comunal, fue el encargado de que a pits llegaran 21 bólidos a participar por los 300 mil pesos de premio, o en su defecto, por los 100 mil pesos y el trofeo acreditativo de “piloto en potencia” que daban para el segundo lugar.
Hombres y mujeres, pilotos y copilotos, llegaron con casco, doble jean, camisa de manga larga, rodilleras, guantes, botas y carné de la EPS al día, para devorar en 4 minutos los 1.7 kilómetros que habrían de recorrer desde el cementerio hasta el río, con un promedio de velocidad de 60 kilómetros por hora, por esa pronunciada bajada de cemento que todos los vecinos, escoba en mano, dejaron libre de piedras, palos y basura para que los pilotos maniobraran sin peligro.
“La velocidad que cogen esos carritos es impresionante, por eso se declaró el toque de queda para evitar que los perros salieran a perseguir o morder a los participantes o que las gallinas se atravesaran causando un accidente”, dijo Emiliano mientras engrasaba un par de balineras.
En horas de la tarde la vereda Santa Helena –compuesta por 557 habitantes- albergaba en sus calles a más de 700 curiosos apostados a lado y lado de la vía, lo que hacía sentir en carnaval a los 2.017 habitantes que tiene el corregimiento de Felidia.
Después de una exhaustiva inspección de ocho agentes de la Policía motorizada, se dio la orden de agitar la bandera verde de partida, señal inequívoca de que los perros y las gallinas estaban en casa.
Doña Ana, la de la chicha y el guarapo; Don Abel, el de la melcocha; Iris, la de la Mermelada, Edward, el de la Junta y cientos de espectadores, aplaudían y animaban al carrito de la calavera, al bólido de los paisas, a la nave con luces que fabricó Armando, al carro camuflado del batallón de alta montaña, al carro - loro en el que compitió la Policía y todos los ejemplares que llegaron de Cali y las veredas El Paujil, La Leonera, El Puente, entre otras.
El ruido ensordecedor de las balineras a toda revolución se mezclaba con el rechinar en las curvas del pedazo de llanta que accionaba el copiloto a manera de freno, seguido del Ay, jue…
En un abrir y cerrar de ojos, los 21 bólidos ya estaban llegando al puente sobre el río Felidia, que servía de meta.
El primero en ver la bandera a cuadros blancos y negros fueron el piloto Diego García y su copiloto Leonardo Gómez, de la vereda El Paujil, con un récord de 4’27. Respirándole en el casco llegaron el piloto Ronald Arias y su copiloto Javier Gallego, de La Leonera, a 4’29. Y la dama ganadora fue Julieth Muñoz, con el acompañamiento de Luisa Díaz, anfitrionas de la vereda Santa Helena, con 6’36.
Todo estaba consumado. Los preparativos de la Junta de Acción Comunal y la Policía, llegaron a su fin. El apoyo de la Alcaldía de Cali a través de La Secretaría de Cultura y la UMATA quedó reflejado en el júbilo de participantes y curiosos.
Sólo quedaba que William Espinosa entregara los trofeos que había donado, que los representantes de la Clínica de Estética Armony, al igual que los de Medicina Integral OLOS, se pronunciaran con los premios y que los de Quesos y Quesillos Alameda hicieran lo propio con los segundos y terceros lugares.
Tres horas después todo volvió a la normalidad. Pese a que cuatro carritos de balineras sufrieron pérdida total, no hubo ningún herido que lamentar. Sólo dolían los 50 mil pesos que invirtieron en las llantas, el freno y la madera de cada uno de ellos.
La única tragedia que ocurrió la tarde del 1º de mayo del año 2010 en Felidia, la padeció Doña Bertha. Mientras ella estaba embelesada con las carreras de carros balineras, Bruno -el perro de la revueltería- se saltó la cerca y montó, no propiamente en carrito.
“Hijuemadre vida la mía… tanto que cuidé la monita para que llegara el más chandoso del corregimiento a hacer el daño. Ese chandoso no tiene ni siquiera un carro de paletas pa’ que me la saque a pasear” decía Doña Bertha entre rabia y risas, sin dejar de evidenciar que estaba más preocupada que una monja en embarazo.
/William López Arango – william.lopez@cali.gov.co
Foto: Henry Martinez