Una mañana con los estudiantes de la comunidad Wounnan que habita en Cali
Subiendo hacia el cerro Cristales por la avenida Circunvalación, después de pasar por pizzerías, restaurantes, cafés, hosterías, tiendas familiares y decenas de lugares comerciales privilegiados por su vista hacia Cali, y donde el aire frío sacude la vestimenta de turistas y propios, se encuentra la entrada Mónaco en la parcelación Los Andes, justo cinco minutos antes de llegar a la imponente estatua marfil de 26 metros de altura, del Cristo que abre sus brazos con un gesto alegre y acogedor.
Luciano Chiripúa, gobernador del cabildo Wounnan, su esposa Jaqueline, un hombre y dos mujeres más, junto a varios chicos de aire tímido y a la vez inquieto, dan la bienvenida al rector de la Institución Educativa Oficial, IEO, Antonio José Camacho, donde estudian los niños de dicha comunidad indígena; la coordinadora Luz Ayda Salazar quien celebra con sus ojos achinados y brillantes la llegada al punto de encuentro, además de Maritza Paz, docente de la sede educativa Marco Fidel Suárez, ubicada en la comuna 3 de Cali, quien con su enérgica voz y palabras de cariño evidencia la vitalidad de la maestra por vocación.
“Gracias por venir” y “gracias por permitirnos visitarlos” son las frases que vienen y van mientras se avanza durante 15 minutos por un camino húmedo, de piedras y tierra amarilla que dan testimonio de las lluvias frecuentes que han acompañado sigilosas la capital vallecaucana durante las recientes semanas.
Una casa grande de pocas puertas y una cancha de fútbol con arcos de guadua rodeados de matas de plátano anuncian la llegada al hogar donde residen 160 personas que conforman las 50 familias Wounnan. Sus mujeres, con vestimenta autóctona, tez trigueña y frondosa cabellera oscura y lisa, vestidas de faldas, tops, camisetas y collares multicolores, se alistan para deleitar a los visitantes con la danza del guatín, un diálogo escénico que con saltos de rodilla y la espalda arqueada imitan los movimientos de los guatines, roedores provenientes de Centroamérica.
El gobernador del único cabildo Wounnan de Cali recuerda su llegada, la de su esposa, hijos y comunidad Chachajo, proveniente de la cuenca del bajo San Juan, municipios del Litoral de San Juan, Istmina y Pizarro. “A Cali entramos en el 2012, por desplazamiento forzado, si no fuera por eso, no estaríamos acá. En un principio, estábamos todos regados en diferentes barrios: Sucre, Siloé, Alto Menga..., pero hacíamos nuestras reuniones los domingos porque no queríamos perder nuestra cultura, nuestras tradiciones, porque nosotros tenemos salud propia, cultura propia, lengua propia, comida típica Wounnan. Por eso decidimos que teníamos que vivir juntos para no abandonar nuestra ancestralidad”.
Fue así como entre todas las familias reunieron el dinero para comprar el terreno donde habitan desde el 2018, lugar que ha generado el fortalecimiento de lazos de hermandad, protección de su identidad, al igual que la alegría de niños y niñas que desde inicios del año lectivo 2022 adelantan sus procesos formativos en la sede Marco Fidel Suárez, beneficiados por la estrategia de transporte escolar especial y el Programa de Alimentación Escolar, PAE.
Tras una pausa para tomar un refrigerio, momento en que los niños reciben el complemento alimentario de la estrategia de permanencia escolar, la jornada continúa con una muestra de la cestería artesanal elaborada por las mujeres mayores, en tejido de palma, además de collares con figuras de loros, flores y diseños abstractos, pulseras para contrarrestar el mal de ojo en los bebés y aretes hechos con chaquiras que venden en diferentes puntos de Cali, como el puente de Chipichape o alrededores del Éxito de San Fernando.
Una mañana diferente a las dinámicas de la vida urbana: transformaron ruidos del tráfico vehicular por un parlante que exclamaba sonidos de ocarinas, flautas y tambores; el calor de Cali fue remplazado por la brisa que abraza los cerros y el español se conjugó con el Wounmeu, lengua nativa de la comunidad Wounnan para brindar a indígenas y mestizos, habitantes de la zona y visitantes, la alegría de compartir, aprender, escuchar, respetar y valorar la heterogeneidad de la raza humana.
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Datos a tener en la cuenta…
Santiago de Cali cuenta con 21 instituciones educativas etnoeducadoras caracterizadas y 5 en proceso de reconocimiento.
En la sede Marco Fidel Suárez se brinda atención educativa a 35 estudiantes de la comunidad Wounnan.
Actualmente, en la capital vallecaucana se reconocen legalmente 9 cabildos indígenas: Guambiano, Inga, Kofán, Quichua Runa Pura, Yanacona y tres Nasa.
Silvia Cristina Ortiz Burgos