El Petronio ya es de todos
Se apagaron los sonidos del Festival de Música del Pacífico “Petronio Álvarez”. Se silenció la alegría que durante 5 días se puso demanifiesto en la Plaza de Toros.
Se aquietaron las caderas y los piesde miles de seres humanos que noche a noche festejaron la vida con la danza.Se volvieron a sus lugares de origen los violines, las marimbas, los cununos, que llenaron de magia musical la noche caleña durante cinco días.
Sonidos que viajaron en el tiempo para cantar las historias y costumbres de un pueblo que nació hecho alegría a pesar del olvido y la indiferencia que han soportado.
El Petronio es más que música y folclor. Es la provocación que nosl anzan los sonidos para que escuchemos las melodías ancestrales que hemos olvidado por creernos diferentes. Es el tam tam al que nuestro corazón hace coro en cada melodía que viene de los manglares, de la selva, de los ríos, para recordarnos nuestros orígenes negros que a veces nos empeñamos en negar.
El Petronio es más que música y éste Festival número XIV nos ha permitido reconocer -cada vez más- los ecos ancestrales que las músicas modernas habían apagado en nuestro interior.
La persistencia anual del Festival nos ha reconciliado con nuestro pasado y es por eso que la Plaza de Toros Cañaveralejo ya se quedó pequeña para la cita anual que nos convoca cada año alrededor de la música, la gastronomíay las artesanías que cada vez hacemos más nuestras porque sentimos que todos somos pacífico.
Este evento ya no es exclusivo de la raza negra como en un principio.Ahora, es el espacio en donde el color de la piel no tiene cabida. Es un espacio en donde no entran los amargados ni los discriminadores de oficio. Es el lugar en donde se celebra la inclusión y el compartir.
Las pieles traspiran igual negras o claras. Los pies y las caderas se mueven con cadencia y no importa el color. El viche, el Tumba Catres,La Toma Seca, producen el mismo efecto en los cuerpos que danzan, se contorsionan y gritan su alegría. El Petronio ya es de todos, nos pertenece sin necesidad de permisos porque adentro de nuestra sangre,cada vez que la música suena, el negro que hay agazapado en nuestra sangre no resiste el llamado de la música.Se acabó el Petronio…, pero nos dejó la alegría en el cuerpo y en el alma.
Por Manuel Tiberio Bermúdez