La pintura: un escape al dolor y el regreso de nuestro amor propio
“Huí de un Municipio del Cauca hacia Cali con mis con tres hijos y mi esposo, pues fuimos víctimas de la violencia y el maltrato, todos mis amigos fueron eliminados. Allá me capacité en el Sena y tenía buenas oportunidades de trabajo pero al llegar todo cambió porque al estar en una ciudad que no es mía aprendí a conocer la pobreza real. Es muy iluso pensar que acá te ofrecerán mejores condiciones de vida”.
Con una sonrisa en sus labios agregó que “las mujeres en situación de desplazamiento nos volvemos toderas, les ladramos de noche si no tienen perro”.
Margot, quien también es Coordinadora de la Mesa de la Mujer, sabe que esos dos días a la semana que está en el taller representan menos dinero para llevar a su hogar, pero no se arrepiente porque gracias a él ha podido expresar el dolor, el rencor y el sufrimiento que guarda en su corazón. El pintar y el compartir con otras mujeres la han ayudado a “pensar en mi misma, a sanarme y también transmitirle a mi familia y al colectivo de la mujeres con las que trabajo, todo mi conocimiento y mis deseos de seguir para adelante”.
“El desplazamiento no está del televisor para atrás, una familia completa en un semáforo no tiene que ser normal, la sociedad tiene que entender que aunque somos colombianos nos sentimos extraños en un lugar, un espacio que no es nuestro hogar. Yo añoro regresar a mi casa”, dijo.
Con una mirada perdida, como si reviviera aquel día que le tocó salir de su casa y dejar todo sin mirar atrás, comenta que en una de las clases le pidieron que pintara su yo interior. “Yo pinté una mujer recostada en una piedra sobre el río, lo que significa la pachamama (madre tierra) que me reclama, ella tenía una falda negra que simboliza mi dolor, mi luto y el duelo que estoy viviendo, su parte superior estaba desnuda y no tenía rostro, pues no tengo identidad. Me dibuje descalza porque no me siento de esta ciudad, ando en busca de mi libertad. Alrededor de su silueta coloqué escarcha porque yo brillo con luz propia y esa luz es la que me permite ayudar a las demás mujeres”.
Cabe recordar que el Taller de Pintura Meditativa tiene como objetivo que mujeres indígenas, del grupo LGBTI, y en situación de desplazamiento y de discapacidad se reconozcan a sí mismas a través de la pintura, contribuyendo de esta manera al aumento de su autoestima y amor propio.
De otro lado, Flor Mariela lozano, dijo: “he pasado momentos tan amargos, que este taller es para mi un escape, me siento tan bien espiritualmente, tan especial y libre, que lo único que puedo decir es que Dios bendiga a las personas que permitieron esto”.
Uno de los ejercicios que trabajan durante el taller se denomina “Cargas Pesadas”, este consiste en escribir en un papel todas aquellas palabras y situaciones que no les pertenecen, “después se colocan en una olla de barro, se queman y se tiran las cenizas al río como símbolo de liberación de esas cargas pesadas que no nos permiten evolucionar”, manifestó la artista Liliana Anaya.
/Zamira Mazuera