La Nelly Teka, la rumba del recuerdo y la vieja guardia
Entrar al barrio Obrero es transportarse a la Cali de los años 70, 80 y 90, cuando la salsa y el ambiente rumbero era parte del día a día de los ciudadanos. En este tradicional sector, levantado a pulso por zapateros, tenderos y migrantes, el sabor se respira y en lugares como la ‘Nelly Teka’ se baila y se canta al mismo son.
Esta historia -llena de bolero y guaguancó- inicia hacia 1985 cuando María Nelly Parra -propietaria de la Nelly Teka- llegó desde su natal Pitalito, Huila, en busca de un mejor futuro para ella y su hija, quien tenía dos años en ese entonces. Lo primero que hizo esta emprendedora mujer fue montar una tienda en donde primaba la voz de Julio Jaramillo y Olimpo Cárdenas.
Con el pasar del tiempo, cuenta Parra, empezaron a llegar a su tienda quienes venían de la rumba en Juanchito con el objetivo de ‘rematar’ y tomarse al Obrero como un gran espacio para departir en medio de discos de vinilo y zapatos de charol.
Un destino en clave rumbera
Aunque Nelly intentó alejar la rumba de su vida, en su destino el sonido del guaguancó, el bolero y la salsa ‘golpe’ marcaba la clave. Fue así como vendió su tienda y con el pasar del tiempo se decidió a montar una cafetería, en la que se servían desayunos desde las 6 de la mañana y almuerzos por encargo.
Los comensales, que en su mayoría llegaban a seguir la fiesta, empezaron a pedir música y espacio para bailar. Así fue como nació la Nelly Teka, un espacio en el que “siempre se ha vivido una rumba sana y recreativa”, explicó la propietaria de este tradicional lugar.
“Desde ese momento nos hemos preocupado por tener una línea musical basada en la vieja guardia, en los sonidos antillanos y el bolero”, agregó Nelly.
En este barrio, de coleccionistas, melómanos, glorias del fútbol, zapateros y músicos, los caleños se han enamorado de la rumba y cultura ‘agüae’lulera’ que nos caracteriza.
“Hemos aportado a este legado desde la música, desde esos sonidos que hacen parte de la identidad de nuestra gente. Cali es una ciudad alegre, que ama el baile y en donde hay salsa allí está la gente”, explicó Parra.
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“Los Festivales, eventos y espacios como Nelly Teka son vitales para resaltar nuestra tradición y darle valor a los artistas, además de promover el turismo. En el barrio Obrero tenemos la intensión de seguir siendo un espacio para que todos los que lleguen a Cali puedan visitar”, añadió.
La vieja guardia, los eternos escuderos de la Nelly Teka
Para Nelly, “nuestro estilo de baile, sin acrobacias, ha hecho que nuestra ciudad sea reconocida en el mundo. Así mismo, esa elegancia y naturalidad de nuestros bailadores de la vieja guardia ha sido parte de ese legado que es digno de mostrar en todas partes”.
“Ver a mi gente feliz, disfrutando del ambiente del Obrero y la Nelly Teka es parte de ese gran sueño que fui forjando en el camino. Tengo muchos clientes que trabajan toda la semana y no ven la hora de que llegue el viernes para venir a mi establecimiento a deleitarse con el baile y la música”, enfatiza Parra.
En palabras de Nelly, la vieja guardia es lo que le ha dado vida y motivo para seguir adelante. No obstante, en la Nelly Teka la evolución musical también se ha vivido y ahora en sus parlantes también suena salsa de otros ritmos y son muchos los jóvenes que llegan hasta allí para seguir cultivando esa cultura salsera que solo en nuestra ‘sucursal del cielo’ se puede vivir.
La Nelly Teka, parte vital de la industria salsera, esa que ha visto bailar a varias generaciones caleñas, ha sido clave para la construcción de nuestro legado salsero de corazón y le ha puesto a la cultura y al turismo un aporte infinito en beneficio de nuestra economía y reconocimiento mundial.