Los bebés tienen un espacio muy especial en el albergue del Coliseo Miguel Calero
| En la Unidad Deportiva Panamericana se siguen prestando diferentes servicios a las personas damnificadas por el terremoto.
Santiago de Cali, 22 de agosto de 2026
Han pasado12 días desde el sismo del 10 de agosto. Casi dos semanas desde que cientos de familias tuvieron que dejar atrás sus casas, rutinas y, en muchos casos, buena parte de lo que habían construido. Pero en el albergue instalado en el Coliseo Miguel Calero, de la Unidad Deportiva Panamericana, el tiempo tiene otra medida.
Aquí, las horas no se cuentan únicamente con el reloj. Se calculan en teteros preparados; en madres que buscan un lugar para amamantar; en biberones que deben ser esterilizados y, sobre todo, en el cuidado de bebés que todavía no saben lo que ocurrió, pero que llegaron hasta este lugar junto con sus familias.
Algunos tienen apenas unos días de nacidos. Entre las colchonetas, las conversaciones y el movimiento permanente de voluntarios, hay un espacio reservado para ellos. Es el lactario, un lugar que funciona las 24 horas del día, porque el hambre de un bebé tampoco entiende de horarios.
Puede ser de madrugada, al amanecer o en plena tarde. Si un niño necesita alimentarse, allí debe haber alguien dispuesto a atenderlo.
El espacio nació después de que al Coliseo Miguel Calero llegaran aproximadamente 15 bebés. Cerca del 10% tenía menos de 30 días de nacidos. La situación planteó una necesidad urgente: garantizar la alimentación de los pequeños y, al mismo tiempo, brindar apoyo a las madres lactantes.
“El lactario nació como una necesidad porque llegaron alrededor de unos 15 bebés, un 10% de ellos menores de 30 días”, explica Lina María Cifuentes, subjefe regional en el Valle del Cauca de la Asociación Scout de Colombia y responsable del componente de maternidad y lactancia.
La respuesta comenzó a construirse con la ayuda de personas expertas en lactancia y voluntarios Scouts, además del apoyo de la Alcaldía de Cali, entidades gubernamentales locales y ayudas provenientes de El Salvador.
No fue solo cuestión de instalar un espacio: había que hacerlo funcionar. Garantizar agua para las madres, disponer de un lugar para conservar la leche materna y contar con los productos y elementos necesarios para preparar los alimentos de los niños.
Durante los primeros días, alrededor de diez madres lactantes hicieron uso del servicio. También fueron atendidos niños de entre 0 y 3 años que tomaban tetero o fórmula, o que necesitaban una alimentación especial por bajo peso o alguna condición particular.
Pero el tiempo, en un albergue, también significa cambio. Las familias llegan y, después de unos días, algunas son reubicadas. Las necesidades se transforman y la población del lugar también. Varias de las familias que inicialmente requerían el servicio ya fueron trasladadas a otros sitios.
“Los albergues son temporales o tienen una rotación”, explica Cifuentes. Aun así, el lactario continúa abierto y disponible para los niños que permanecen en el coliseo. La espera ahora es por una nueva población que pueda necesitarlo.
Leidy Giraldo, pertenece a la Asociación de Scouts de Colombia, cuenta que también hay alimento para personas diabéticas y adulto mayor con proteína y que vienen deshidratados. “A los niños se les brinda hidratación constante. De igual forma, les hacemos coladita, les brindamos agua panelita con galleticas, que es como para pasar el rato mientras llegan el desayuno, almuerzo y cena”, precisa.
Para las madres, entretanto, cada hora sigue teniendo importancia. Edwarly llegó desde el barrio Obrero. Su hijo toma fórmula y cuando necesita alimentarse, ella sabe que tiene a la mano el lactario. “El servicio es 24 horas”, dice.
En medio de la emergencia, un tetero puede parecer un gesto sencillo. Pero para una madre que acaba de perder la seguridad de su hogar, tener la certeza de que su hijo podrá alimentarse a cualquier hora representa mucho más.
Sin duda, es una pequeña certeza en medio de una vida llena de incertidumbres. Crismay Sarabria lo sabe. Llegó al albergue con su nieta Alaia, una bebé de apenas un mes de nacida. Para ella, la prioridad ha sido garantizar la seguridad de sus hijas: una de ellas especial y la pequeña.
“Aquí le han prestado todos los servicios a mi nieta Alaia”, cuenta. La bebé ha recibido fórmula, apoyo del banco de leche y los elementos necesarios para su alimentación. Crismay también atraviesa su propia dificultad: quedó sin trabajo y reconoce que su familia se encuentra en una situación de vulnerabilidad.
Pero cuando habla de Alaia, se detiene en los detalles. “Los voluntarios se ponen guantes, tapabocas y gorro. Esterilizan el tetero. Preparan todo antes de entregárselo a la bebé. Todo está bien”, afirma.
Y quizá en esas palabras se resume buena parte de lo que ocurre dentro del lactario. Porque afuera todavía quedan preguntas sin respuesta. ¿Cuándo podrán regresar las familias a sus hogares? ¿Cuánto tiempo permanecerán en el albergue? ¿Qué vendrá después del sismo? Nadie tiene todas las respuestas.
Pero, mientras tanto, hay algo que sí está claro: cuando un bebé tiene hambre, alguien debe estar allí.
La madrugada puede llegar silenciosa al Coliseo. Mientras muchas personas duermen, una madre puede necesitar que se prepare el alimento de su hijo. Luego llegará el amanecer, después el mediodía, la tarde y nuevamente la noche.
El reloj seguirá avanzando y el lactario seguirá abierto. Durante 24 horas, los voluntarios convierten el paso del tiempo en cuidado. Cada tetero preparado, cada biberón esterilizado y cada madre acompañada, son una forma de decir que incluso en medio de una emergencia la vida continúa.
Doce días después del sismo, los bebés del Coliseo Miguel Calero no saben cuánto tiempo ha pasado desde aquella mañana que cambió la vida de sus familias.
Solo necesitan que, cuando llegue su hora de comer, haya alguien allí. Y en este lugar, por ahora, siempre lo hay.
#AsíRecuperamosCali
#CaliSomosTodos
Le puede interesar…
- El Coliseo de Hockey alberga un amor que no se doblega ni ante la furia de la naturaleza
Comunicaciones Secretaría del Deporte y la Recreación Distrital