En Cali hay un comedor comunitario que transforma esquinas en lienzos de vida: ¡conózcalo!
Santiago de Cali, 12 de junio de 2026
En el barrio Manuela Beltrán, al Oriente de Cali, hay un rincón que huele a sazón, alegría y resiliencia. Se trata del Comedor Comunitario Prevenir Vale Más.
Ahí, en medio del bullicio, se escucha la risa de los niños que saltan a la rayuela, el sonido de una olla gigante y la voz firme pero dulce de una mujer que decidió cambiar el rumbo de su vida para salvar la de los demás, la de Leidy Aguirre.
Leidy tiene 43 años, es caleña, madre cabeza de hogar y tejedora de sueños. Sabe perfectamente lo que cuesta sacar a los hijos adelante en medio de las dificultades.
Con sus propias manos crio a dos tesoros: su hija mayor, que hoy comparte saberes como profesora, y su hijo menor, un adolescente que crece viendo en su madre el vivo testimonio de que sí se puede salir adelante.
Pero el instinto materno de Leidy no se quedó entre las cuatro paredes de su casa; se desbordo para abrazar a todo su barrio.
Un día decidió renunciar a la estabilidad de su empleo en una empresa. No era un impulso, era una vocación.
"Dios puso en mi corazón ayudar a prevenir el consumo en los adolescentes, darle un plato de comida al adulto mayor, ayudar siempre al más necesitado, y el comedor surgió en toda esta decisión", comento Leidy con la certeza propia de quien encontró su destino.
Aquel proyecto no había nacido de la nada. Era el legado vivo de su madre espiritual, una guía que ya no la acompaña en el plano terrenal, pero cuya memoria se enciende cada mañana cuando abre las puertas del comedor con pasión, amor y una fortaleza inquebrantable.
Hoy, junto a cuatro gestoras auxiliares, compañeras de batallas y sazones, el comedor se ha transformado en una bendición diaria que alimenta el cuerpo de 90 personas: madres cabeza de hogar cargadas de futuro, abuelos que buscan conversación, niños sedientos de juego, jóvenes buscando oportunidades y habitantes de calle que encuentran allí el rastro de dignidad de su jornada.
Con lágrimas en los ojos, Leidy confiesa el motor de su lucha. "Ver a los niños y a los jóvenes consumiendo drogas me afecta mucho. Siento una gran responsabilidad para evitar esta situación con actividades que ocupen su tiempo libre, actividades que promuevan sus talentos".
Y mientras la comida se sirve, el barrio se transforma. El comedor se convierte en una escuela de vida donde los juegos rescatan la infancia.
A través de la danza, el teatro, la cultura y el deporte, los adolescentes descubren que sus manos sirven para crear y sus pies para bailar, manteniéndose lejos de las esquinas peligrosas y de las sustancias que apagan vidas.
Leidy no descansa. Es una líder de puertas abiertas y oído atento. Cuando la comunidad habla, ella se convierte en un puente: toca las puertas de la Alcaldía y de cuanta institución sea necesaria para llevar ferias de salud, servicios para migrantes, apoyo a personas con discapacidad y atención a los adultos mayores. Para ella, gestionar no es un trabajo administrativo, es un acto de amor.
Esta transformación comunitaria no se detiene en el almuerzo diario; se consolida en las fechas que tocan la fibra del corazón del barrio.
Como muestra de ello, el comedor se vistió de fiesta para celebrar el Dia del Padre, una jornada en la que los papas del sector cambiaron la rutina por abrazos, risas y un homenaje a su labor.
A través de este tipo de encuentros, Leidy y su equipo propician espacios de bienestar y alegría que afianzan los lazos de unión comunitaria, sanan las relaciones del hogar y fortalecen de manera profunda el tejido social de Manuela Beltrán.
Al final del día, cuando las ollas vuelven a estar limpias y el eco de los juegos tradicionales se disipa en la tarde caleña, queda la certeza de la tarea cumplida.
Los lazos familiares en Manuela Beltrán son hoy más fuertes gracias a este espacio. Los niños ya no ven el comedor simplemente como un lugar donde calmar el hambre; lo han integrado en su geografía afectiva como su fortaleza y sitio seguro.
Para acceder a las raciones diarias de los 761 comedores comunitarios en Cali, las personas en situación de vulnerabilidad deben acudir directamente al comedor más cercano a su comunidad.
Ahí se realiza una caracterización socioeconómica y un registro básico de beneficiarios para priorizar las poblaciones de especial protección como niños, adultos mayores, madres cabeza de hogar y personas con discapacidad.
Con la red de 761 comedores funcionando a plena marcha en este 2026, el programa logra impactar y beneficiar diariamente a más de 84.000 ciudadanos en las zonas urbanas y rurales de Cali, garantizando no solo un plato de comida balanceado, sino también un puente hacia la capacitación, el diálogo territorial y la reconstrucción del tejido social. En el programa participan 2.400 gestores.
Zully Anacona Pena
Comunicaciones Secretaria de Bienestar Social