Una raqueta que, después de 50 años, se anotó un ace en Yawa
Santiago de Cali, 11 de diciembre de 2025
Pasaron 50 años para que don Orlando Marín Brand volviera a pisar su casa o más que su casa, sus terrenos; los mismos que recorría día a día apenas a sus escasos 12 años de edad.
En esa época por allá por los años 70, este niño delgado, trigueño, ágil de movimientos y palabras, recibía diariamente su consabido vaso de leche y pan antes de iniciar su jornada como pelotero en el Club San Fernando, siempre de punta en blanco.
Orlando volvió a pisar los predios donde sin querer, queriendo, se formó como entrenador de tenis. El 9 de diciembre de 2025, él se bajó del bus, con otros compañeros y compañeras (todas personas mayores) para hacer parte del programa Yawanautas que convoca a niños, niñas, adolescentes y personas mayores en condición de vulnerabilidad para tener un acercamiento a la tecnología y la ciencia en Yawa.
“Mi maestro y quien primero me dio trabajo en la vida, fue don Eladio Calero. Él, sagradamente vestía boina, camisa, pantaloneta larga, medias y zapatos blancos y así mismo, nos uniformaba a los demás recogebolas.
“Justo su imagen fue lo primero que vi apenas me bajé del bus, ahora que llegué a Yawa; allí donde hay un letrero enorme que reza “Los famosos que visitaron el Club San Fernando” - Orlando suelta una carcajada larga y sostenida y atina a decir sin terminar la risotada -, ¡Caray noooo, es que don Eladio no visitó el club San Fernando, él vivió aquíiii!
En esa época y aún ahora, Orlando continúa creyendo que don Eladio, por puro amor al tenis, había construido una casita al lado de la cancha #1 del Club. Lo que no sabe realmente es que Eladio Calero, el más grande entrenador de las mejores raquetas de tenis de aquellos tiempos en el país, comenzó siendo el vigilante del suntuoso Club San Fernando de Cali y por eso, vivió literalmente al lado de la cancha de tenis #1.
Orlando tiene una memoria prodigiosa y aún conserva ese estereotipo físico, innegable de un deportista.
Señala el Túnel del Tiempo que conecta un parqueadero público con Yawa, Centro de Ciencia, Arte y Tecnología de Cali. Allí reposan visiblemente fechas, acontecimientos e imágenes de personas que marcaron la historia en una línea de tiempo entre los imborrables momentos del Club San Fernando y la inauguración de Yawa en 2024. Es un túnel de obligado paso lento, recuerdos, risas y por qué no, de chicanear las rumbas en el Sanfernandino.
Su dedo índice apunta primero a la imagen de Álvaro Carlos Jordán: “indiscutiblemente, uno de los mejores tenistas colombianos. Ya falleció… fue jefe mío en la Liga Vallecaucana de Tenis”, comenta orgulloso.
Juan Sebastián Cabal: “él nació prácticamente en el Club. ¡Uff, hizo una de las mejores duplas con Robert Farah!”
Orlando continúa caminando y se detiene en la imagen de Mauricio Hadad -, “Don Teófilo Hadad fue su padre. Mauricio era muy niño, un poco necio y llorón”, comenta de nuevo con una carcajada y continúa su idea… “pero mire… ¡llegó a ser la raqueta #33 en el mundo! - y enfatiza con gran orgullo - “es que en este espacio vimos nacer y formar los tenistas más tesos que haya dado Cali y Colombia”.
A Orlando ni las fechas ni los nombres se le confunden, tampoco se le quedan atrás figuras femeninas del tenis caleño y menciona a Isabelita Fernández de Soto y Olga Lucía Rubio.
Yawanautas
Y sí, pasaron 50 años para que Orlando volviera a pisar los predios donde antes quedaba el Club San Fernando y hoy está ubicado Yawa.
Orlando y el grupo que lo acompañaba tuvieron acceso tú a tú a la sala de innovación digital con computadores de última tecnología en IA (inteligencia artificial), a la sala MOCAP de captura de movimiento (tipo película Avatar) y obviamente al planetario más moderno de Colombia.
Orlando hace parte del programa de apoyo a personas en situación de calle de la organización sin fines de lucro que ofrece en Cali, atención integral y oportunidades de cambio: Samaritanos de la Calle.
“Ha sido un proceso bravo, muy complicado. Yo tenía 22 años y comencé a ganar bastante dinero gracias a la formación que me dio el profe Calero y a las puertas que se me abrieron. Empezaron a decirme que yo era muy zanahorio; que le diera algo de espacio a la rumba, al trago… y la droga. Me faltó carácter. No me gustaba ser dejado por fuera y comencé a demostrar que no, que no era tan zanahorio como ellos creían y… me dejé llevar”, comenta Orlando con un cambio drástico en su tono de voz, como si añorara retroceder el tiempo y hacer el ace de la vida con su raqueta ganadora y agrega que “es que cada vez es más fácil caer en las drogas y a su vez, más difícil rehabilitarse. Así que mi mensaje es que se sientan orgullosos de ser zanahorios, de no olvidar los valores del hogar”.
Orlando continúa caminando y volviendo su mirada de nuevo al túnel del tiempo en Yawa, comienza a pensar en voz alta: “pero los tiempos de Dios son perfectos. Vea, después de 50 años volví a mis terrenos. Esos que tanto añoré, gracias a esta invitación de Yawa.
“Fue una tarde inolvidable, aprendí a dibujar una raqueta de tenis en el computador inteligente. Estuve por primera vez en mi vida en un planetario… el mejor. ¡Esto no lo voy a olvidar jamás! Es increíble ver cómo del Club San Fernando, este espacio se transformó en un centro de ciencia que lleva conocimientos tecnológicos a las personas. Mi lucha no ha terminado pero hoy… ¡hoy fui feliz!”.
Comunicaciones Yawa, Centro de Ciencia, Arte y Tecnología de Cali