Bahía: donde la marimba y el fogón cantan al mismo territorio
- Una conversación entre la chef Catalina Vélez y el músico Hugo Candelario, en la Semana de la Biodiversidad que se realiza en Cali, devela los secretos del arte que suena a través de las teclas de la marimba de chonta o del alimento que llega del Pacífico.
Santiago de Cali, 2 de octubre de 2025
“La música de marimba es agua que entra al cuerpo, pero por los oídos”, dice Hugo Candelario con esa certeza que solo da haber nacido en Guapi, en esa esquina remota del planeta donde el manglar se confunde con el cielo y el agua. Y al otro lado de la conversación, Catalina Vélez responde que “la música es agua y comer es música. Cocinar es armonía”.
Entre ambos se teje un diálogo en 29 Grados (parte de la programación de la Semana de la Biodiversidad) que trasciende sus oficios porque se trata de la celebración de un territorio que suena en cada nota de la marimba de la palma de chonta y en cada bocado de langostino y las yerbas de azotea.
Para Hugo Candelario, el Pacífico es “riquísimo de naturaleza y de vida, de gastronomía, de cultura”, quien además cuenta que su infancia transcurrió de la mano de maestros que le enseñaron a ver el arte y la naturaleza como una sola cosa. Reconoce que su región carga una historia compleja: “tiene mucho sentimiento acumulado, su población es la historia del desarraigo, del olvido, pero también de la resiliencia”.
Esa misma resiliencia está presente en la madera con la que se construyen las marimbas. “La palma de chonta es aguante, es fuerte y dulce cuando se trabaja, como la gente del Pacífico”, explica.
Hugo Candelario llegó a Cali y encontró un puerto sin mar pero lleno de corrientes musicales. “Cali me invadió de arte, de música del Pacífico unida con otras atmósferas”, recuerda. Allí, la música afrocaribeña, clásica y andina se abrazan, creando una identidad sonora única.
Esa misma mezcla es el que Catalina busca en sus platos: honrar las raíces, permitir que los sabores dialoguen, que se encuentren, que celebren su diversidad.
Catalina Vélez decide honrar al territorio campesino con su proyecto Domingo. “Los domingos suceden los días del mercado, donde la comunidad campesina se reúne en la mesa larga, que es profundamente reconciliadora”, explica la chef.
Para ella, cocinar no es un acto mecánico ni superficial: “no podemos seguir comiendo por comer, debemos consumir alimentos certeros para nuestro cuerpo que aporten bienestar”.
Diana Marcela Parra, docente universitaria y asistente a la ruta de la biodiversidad, comenta que esta clase de charlas son enriquecedoras, especialmente para los jóvenes que están presentando malos hábitos alimenticios por diferentes factores. “Pienso que es enriquecedor que los estudiantes conozcan de nuestras raíces. En el caso de la universidad en la que enseño – la Antonio José Camacho- son estudiantes procedentes de varios municipios del Pacífico, como Tumaco o el Chocó”.
Domingo es, entonces, una ofrenda a ese vasto territorio que es el campo colombiano, extenso en plantas comestibles que aún no conocemos del todo, generoso en sabores porque cocinar y comer son, ante todo, actos de vida.
Bahía en un plato
Cuando Catalina habla de su plato ‘Bahía’, que coincidencialmente se llama igual al grupo musical de Hugo Candelario. El plato lleva langostinos salvajes curados en sal de mar de Manaure, leche de tigre, yacón —ese tubérculo acuoso y dulce del Pacífico—, yerbas de azotea y polvo de Jamaica. "En cada cucharada que nos llevamos a la boca, quiero que nos transporte a esa brisa y el territorio del Pacífico”, invita.
Es un plato que suena, que tiene ritmo, porque en el fondo, como ella misma dice, comer es música.
Catalina dice que “la vida es poderse sentir parte de algo tan magno como la naturaleza”. Y en esa frase está contenida una razón poderosa, que cada alimento que llevamos a la boca, cada nota que tocamos, cada acto creativo que realizamos, es una forma de honrar esa pertenencia a un territorio natural.
Entre la marimba y el fogón, hay un país que suena y que sabe, que no olvida sus raíces pero tampoco tiene miedo de reinventarse y a reconciliarse.
Porque al final, como el agua que entra por los oídos o la que se transforma en alimento, todo es lo mismo: vida fluyendo, nutriendo, cantando.
Zulma Lucía Cuervo Plazas
Fotografías: Guillermo Gutiérrez
Videógrafo: Juan Basto
Oficina de Comunicaciones
Alcaldía de Santiago de Cali