De Los Andes de Cali a la COP16: la esperanza de doña Amalia por un futuro sostenible
Era una tarde gris, la lluvia empezó a caer y doña Amalia Guevara corrió a recoger la ropa que por primera vez había lavado en la lavadora que le regaló su nieto, David. Ella, una anciana de 88 años, toda su vida ha vivido en la vereda Los Cárpatos en el corregimiento Los Andes, el más extenso de Cali, que alberga cerca de 5000 habitantes, casi todos, comunidad local.
“Nací en Cali, la familia de mis padres vivía en el centro de la ciudad, en el barrio Santa Rosa y hace más de 70 años me vine con mi esposo para Los Andes. ¡Cómo han pasado los años, cómo cambiaron las cosas!… le dice a su nieto que la ayuda a recoger la ropa porque ya las grandes gotas de lluvia y el cielo oscuro presagian una nueva tempestad.
¿Por qué dices eso abue? Y ella con la pausa que da la edad le responde: así empieza la canción de Rocío Dúrcal y cada que la tarareo pienso en la gran verdad que tiene: … el mundo sigue girando y yo veo como suceden fenómenos que antes eran impensables: Hace menos de 30 años, aquí a esta hora de julio, jamás llovía. Aquí a esta hora de julio, ya la neblina se apoderaba de la zona. Aquí a esta hora de julio, el viento abrazaba fuertemente recordándonos que ya venía la época de las cometas. Aquí a esta hora se sentía el aire puro. Aquí a esta hora veíamos zorros y hasta osos al frente en el monte. Todo era abundante y hoy todo cambió, qué mundo tan diferente”, exclama la matrona que ya entra a su hogar a encender la estufa de gas para preparar la comida a su familia.
Ratificando la historia relatada por doña Amalia, los gobiernos del mundo tienen como premisa la vuelta que dio la vida y por eso para que no se extinga y las nuevas generaciones puedan disfrutar de las maravillas del universo sin la nostalgia de la extinción, los mandatarios desde 1992 trabajan para preservar la diversidad biológica de los territorios.
¿Y cuáles han sido las crisis ambientales que tratan de revertir los gobiernos? Se resumen en tres: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. Todos mencionados en las letanías de doña Amalia Guevara y conocidas por el mundo entero, que sintió cómo la temperatura aumentó en 1.5°C en el 2022, según la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés), mientras que la abundancia de especies de vertebrados experimentó una alarmante disminución del 69% entre 1970 y el 2018, cifras de World Wildlife Fund (Fondo Mundial para la Naturaleza), lo que representa una pérdida irremediable en la biodiversidad que sostiene nuestro planeta.
Doña Amalia no entiende cómo se conecta una cosa con otra y ve todo de manera aislada. Sin embargo, los gobiernos conocedores de que los riesgos medioambientales y tecnológicos dominan el panorama de las amenazas globales se organizaron para revertir dicha situación y trazaron objetivos y metas para la conservación y usos sostenibles de la diversidad biológica.
Así quedó estipulado en el Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD) adoptado en Nairobi en mayo de 1992 y es la Convención Internacional que trabaja para que los nietos de doña Amalia y 8000 millones de seres puedan, cada uno en su entorno, disfrutar de sus recursos naturales, conservando la diversidad existente.
A lo largo de 30 años de existencia del Convenio, se hacen reuniones bianuales para hacer seguimiento a los tres objetivos del CBD: conservación de la diversidad biológica, utilización sostenible de los componentes y aseguramiento de la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos.
Ahí surge la COP, que es básicamente la Conferencia de las Partes, instancia superior de gobierno del Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD) de la ONU que impulsa las negociaciones entre los países para cumplir con los tres objetivos.
Y preguntaría doña Amalia: ¿Y cómo hacen para poner de acuerdo a cerca de 200 países? Pues muy sencillo señora Guevara: cada dos años se reúnen, revisan las cifras, se toman decisiones como la del Marco Global de Biodiversidad del año 2022 que fijó como misión, a 2030, adoptar medidas urgentes para detener y revertir la pérdida de diversidad biológica, ello resumido en 23 metas, de las cuales Cali siente como propias varias de ellas y el Distrito trabaja incansablemente para seguir siendo la capital del Pacífico y la ciudad más biodiversa de Colombia.
A la familia Guevara, que vive en uno de los 60 Parques Naturales Nacionales del territorio colombiano, la Administración del alcalde Eder le dice que a pesar de cómo han cambiado los años, en Cali se preserva la vida, se generaron en los últimos años un millón de hectáreas de nuevo espacio público blando; se implementan acciones de beneficios para los vehículos eléctricos e híbridos para incentivar su adquisición y así, no generar emisión de gases contaminantes.
Adicionalmente, se cuentan con programas de reforestación en las cuencas de los ríos y del presupuesto distrital se destina un 1% a este rubro; se combate la minería ilegal; está prohibido el tráfico de especies silvestres; se patrocinan las huertas comunitarias; se apoya la ley que prohíbe el plástico de un solo uso y se tiene una medida del pico y placa para disminuir la contaminación.
¡Cómo han pasado los años… el mundo sigue girando y aquí están los caleños conscientes que el planeta es la casa común y se debe trabajar para seguir disfrutando de las 56.025 hectáreas de la Sucursal del Cielo!
Oficina de Comunicaciones
Alcaldía de Santiago de Cali