‘Cachafaz’, el caleño de 90 años que sigue ‘azotando baldosa’ con su gran amor: la salsa
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Publicación:
07/12/2023
Modificación: 07/12/2023
A sus 90 años, Edgar Fajardo Oliveros cuenta su historia con una lucidez única y con la certeza de ser el último de los bailarines de su generación que aún vive.
Bautizado como el ‘Cachafaz’ colombiano, Fajardo recuerda que su inicio en el baile fue a los 15 años. “Todos los grandes bailarines de mi época ya murieron y el único que está para contar el cuento soy yo. Así como muchos de ellos, yo empecé siendo futbolista -jugaba en el Deportivo Cali en su cuarta categoría- y ya con la llegada del cine a la ciudad mexicano a la ciudad”, contó ‘Cachafaz’.
“En esos filmes se podía ver a grandes bailarines como: ‘Resortes’ y ‘Tintán’. Así fue como en el transcurrir del tiempo me fue gustando el baile y empecé a practicar con mucha frecuencia. En esa época llegué a estar entre los 15 mejores bailarines que tuvo Cali. Sin embargo, gracias a mi talento pude escalar y estar entre los mejores 4”, añadió el bailarín caleño.
Fue ese ojo observador y su gran capacidad de movimiento lo que lo llevó a ser grande con coreografías de guaracha, mambo, bolero, salsa y pachanga. “La música que entra por mis oídos se mete por mis venas y me lleva a que hasta los resbalones se vuelvan pasos de baile”, dice Edgar, lleno de emoción.
El baile que lo mantiene vivo
Pese a que tiene varias cirugías y sufre del nervio ciático, ‘Cachafaz’ dice que estar quieto no es una opción. “Estar paralizado me hace sufrir. El baile, los aplausos de la gente y sus abrazos son la mejor terapia para el dolor”, enfatizó el artista.
En su haber artístico, Fajardo se ha dado el lujo de incursionar -además del baile- en el canto, declamación, animación, fonomímica, composición y la poesía. Así mismo, recuerda sus andanzas por 67 ciudades de Colombia y en los grandes cabarets y hoteles con orquestas de talla internacional.
“Grabe canciones en géneros como: boleros, salsas, guarachas, tengo y milongas, soy un hombre multi-artístico. También tuve la fortuna de presentarme con la compañía Luces de Buenos Aires en muchas ciudades de Colombia”, recuerda Fajardo Oliveros.
Cachafaz vivió las ‘verdes y las maduras’ en varios trabajos con sus múltiples talentos, pero aprendiendo cada vez más y -como él lo dice- volviéndose una “memoria artística”.
“Para mi es un honor ser uno de tantos artistas grandes que hay en Colombia y haber sido uno de los pioneros para que el baile y la industria salsera de la ciudad sea de alto nivel. La Secretaría de Cultura me hizo un libro en el que se reseña toda mi vida y lo que hice para representar a mi tierra, eso me hace sentir mucho orgullo”, manifestó Cachafaz, con mucha emotividad.
Edgar recuerda, con mucha lucidez, la llegada de la salsa -en los barcos de los maniros que encallaban en Buenaventura- y el crecimiento que ha tenido a lo largo de los años de la mano de bailadores como él, quienes dejaron en los escenarios toda una cultura popular que hoy es parte de la identidad salsera de Cali.
Él, con todo su esfuerzo, sigue bailando solo y en pareja con el objetivo de seguir siendo un gestor de la cultura caleña. “Yo los sábados me presento en Conga y los domingos en Séptimo Cielo, con el dinero que gano sobrevivo yo y le ayudo a otras personas que viven en las calles”, contó Fajardo.
Dejando de lado y en el olvido todos los vicios, el odio y las experiencias negativas que vivió, Cachafaz tiene claro que para él la salsa ha sido su bendición y lo que le permitió conocer a la mujer de su vida quien lo acompañó por 30 años. A ella le declamó los poemas más maravillosos que pudo crear con gran inspiración y vivió de su mano un amor inmenso -como que el siente por la salsa- que traspasará hasta su propia muerte.