Escribiendo el futuro de un pueblo
En su cuaderno de rayas y con marcadores de colores, la joven Yaixa escribe con caligrafía infantil palabras que no entiende. Aunque sabe leer y escribir en español desconoce el significado de muchos términos.
Yaixa, pertenece al pueblo indígena Wounaan; junto a su familia llegó a Cali hace más de un año, desterrada por la guerra. Su lengua nativa es el Woun Meu, pero cree que para mejorar sus condiciones de vida debe adaptarse al territorio que hoy habita, y parte de ello es manejar el idioma dominante de la ciudad.
Son más de las 3 de la tarde de un día soleado. Mujeres de diferentes edades, hijas, madres y abuelas de la comunidad Wounaan convergen en un espacio de su cabildo, asentado en zona rural de Cali, por la vía a Cristo Rey, para aprender más del español. Algunas aprenden a leer y a escribir, mientras otras reconocen el significado de las palabras. Yaixa, con 18 años, es la más joven del grupo.
Tiene dos hijos, el menor de un año, el mayor de dos. Vive con su esposo y sus niños. Va al colegio y cursa séptimo grado; dice que la materia que más se le dificulta es el inglés, pues ni siquiera maneja del todo el español.
En el espacio de alfabetización, cuatro mujeres y un hombre de los equipos de Psicología, Social y Gestión Humana del programa Corazón Contento dividen el grupo de mujeres en dos: las que inician el aprendizaje de lectoescritura, y las más avanzadas. Les enseñan, las guían, las acompañan, despejan sus dudas. Fueron ellos quienes tuvieron la idea de iniciar este proceso ante las necesidades que identificaron. No buscan insertarlas en la cultura occidental, sino darles herramientas que las empoderen para que fortalezcan su identidad y cultura.
Las mujeres que asisten al taller hacen parte del comedor comunitario Wounnaan Phoboor, del programa Corazón Contento, que funciona desde el 2017 dentro del cabildo. Algunas son beneficiarias, otras son gestoras.
La del pueblo Wounaan es una de las 65 lenguas indígenas que sobreviven en el país y parte de su identidad étnica y cultural. Sin embargo, dados los contextos a los que han tenido que adaptarse, la práctica cotidiana del español hace que las nuevas generaciones hablen cada vez menos su lengua nativa, lo que representa el riesgo de que pueda desaparecer algún día.
Yaixa lo sabe, por eso dice que solo usa español con personas que no entienden su lengua, pero en casa y en su comunidad solo habla el Woun Meu. Y así se lo enseñará a sus hijos. “Mi tradición jamás la voy a dejar, yo vengo de allá, nací de ellos”, asegura.
La joven guarda como tesoro un libro de pasta dura, escrito en su lengua, que da cuenta de toda la cultura de su pueblo. Cree que algún día, le ayudará a enseñarles a niños y niñas de su comunidad sobre sus orígenes y tradiciones. Sabe que la clave está en mostrarle esos conocimientos a los pequeños.
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En su entorno, en el que muchas mujeres vinculan sus sueños a labores domésticas, ella sueña con ser enfermera. “Es mi sueño para poder ayudar a los niños de mi comunidad, que pueda ser yo quien los atienda. En la comunidad no hay muchos médicos ni enfermeras, yo quiero ser una”, señala.
Por ahora, entender más el español acerca cada vez más a Yaixa a alcanzar sus sueños y a luchar por la preservación de la riqueza cultural de su pueblo.