Programa de la Administración Distrital le cambia la vida a víctima del conflicto armado
María Olga Rodríguez logró vencer las adversidades ocasionadas por la violencia y el desplazamiento forzado.
“Fuera de eso dejaron una amenaza: que si a las 7:00 de la mañana no se había desocupado esa vereda, ellos regresarían y acabarían con el resto de la población”.
El anterior es un fragmento del relato de María Olga Rodríguez, una mujer afro que debió abandonar su territorio ubicado en una vereda cercana a Buenaventura, en las riberas del río Yurumanguí, y que hoy hace parte de los beneficiarios del fortalecimiento de unidades productivas que adelanta la Secretaría de Desarrollo Económico Distrital, mediante convenio con la Corporación de Desarrollo Productivo-CDP y en el marco del programa ‘Paz y Desarrollo Económico’.
Cuenta que todo inició cuando hombres armados incursionaron en su vereda, dispuestos a acabar con todo lo que se moviera. Ella logró llegar hasta el caserío más cercano, donde se resguardó hasta el amanecer.
“Un grupo al margen de la ley entró la noche de un 28 de abril; hubo una masacre, tomaron unas personas, las acostaron y las mataron a punta de hacha. A unas mujeres que alcanzaron a tomar, las violaron entre varios. A las guarderías, los colegios y las escuelas, les echaron gasolina y las prendieron”, detalla.
El relato de esta emprendedora, que hoy goza de los beneficios brindados por la Administración Distrital para víctimas del conflicto armado, continúa con la odisea que debió padecer junto a su madre y su hermana.
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“Eran como las 12 de la noche y nos tocó desplazarnos a un pueblito más arriba. Al día siguiente pedimos ayuda a la Armada, que era la autoridad más cerca que teníamos. Ellos fueron a recoger los cadáveres que dejamos esa anoche allá. La Armada nos hizo acompañamiento y se hicieron los entierros en varias fosas, en donde se metían de dos o tres personas, porque eran demasiados”, pormenorizó María Olga.
Del caserío donde pernoctaron llegaron a Buenaventura, en donde las cosas no salieron como esperaban. Allí también fueron alcanzadas por la violencia y tuvieron que migrar hasta llegar a Cali, que las acogió y abrió sus puertas con oportunidades.
“En Buenaventura llegamos a un barrio en el que también había un grupo al margen de la ley; su jefe me tomó a la fuerza, comencé a recibir amenazas para mi mamá, mi hermana y también nos tocó salir de allí. Con una vecina levantamos las tablas por debajo de la casa para salir, tomamos una canoa hasta el puente del Piñal, en donde había un carro esperándonos; nos recogió y nos vinimos a Cali”, describe.
Pero María Olga no se dio por vencida a pesar de las vicisitudes. Le puso ganas y voluntad, propias de quienes no se rinden y creen en un mejor mañana. Entonces comenzó a maquinar la forma de echar pa’lante de manera honrada y mantener a sus cuatro retoños.
“Acá emprendí el negocio de salón de belleza con peinados y ahora, gracias a la Alcaldía de Cali y al CDP, nos dieron un apoyo productivo para inyectarle a mi emprendimiento. Estoy muy agradecida con ellos, porque no tenía los recursos y gracias a Dios nos capacitaron y nos están ayudando en mi negocio para sobrevivir. Soy madre soltera y tengo cuatro hijos que levantar”, enfatizó.
En el marco del proyecto para el fortalecimiento de emprendimientos de víctimas del conflicto armado, María Olga Rodríguez recibió una silla para peluquería, cremas alisadoras, tintes y lava cabezas, entre otros artículos, que le permiten impulsar su iniciativa de vida.
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Fotos: Secretaría de Desarrollo Económico Distrital