El dulce milagro de Cali: la historia de las macetas y Dorotea
- Más de 100 años lleva esta tradición, que pasó de ser una historia familiar a un orgullo caleño. En 2013, las macetas fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Nación.
Santiago de Cali, 29 de junio de 2025
En el corazón del barrio San Antonio, donde Cali respira sus raíces más profundas, nació una tradición centenaria que endulza los vínculos del amor familiar: la maceta caleña.
Según la leyenda, gracias a una mujer afrodescendiente llamada Dorotea Sánchez, quien un día no tenía nada que ofrecer a sus hijos, se creó el primer dulce que se convertiría en un emblema de herencia cultural.
Cada 29 de junio (solemnidad conjunta de San Pedro y San Pablo), se conmemora en Cali el ‘Día de los Ahijados’, tradición exclusiva de la caleñidad y que acostumbró por décadas a padrinos y madrinas a regalar una maceta como símbolo de celebración.
La maceta nació por un sueño
Cuenta Patricia Guzmán, integrante de la Junta Directiva de Asomacetas y quien lleva mucho tiempo en esta industria, que gracias a una mujer nació esta bonita tradición caleña.
“Las macetas nacieron por Dorotea, una mujer que vivía en el barrio San Antonio y que no tenía nada que darle a sus hijos. Se acostó a dormir, se puso a llorar y en el sueño se le aparecieron dos ángeles, San Pedro y San Pablo, y le dijeron: mujer, ¿por qué lloras? Ella respondió: no tengo nada que darle a mis hijos. Los ángeles le preguntaron: ¿qué tienes en la cocina?, a lo que respondió: solo agua y azúcar. Entonces le indicaron: colócalas a hervir. Lo hizo y entonces espesó y espesó hasta que le dio su punto mágico. Le pidieron que dejara enfriar la mezcla y que después la amasara. Ella empezó a amasar hasta que le dio la blancura”, narró Guzmán.
Así, con azúcar, agua y mucho amor, nació el alfeñique, un dulce artesanal que se cocina hasta que espesa, se enfría, se amasa y se transforma en figuras moldeadas. En esta fecha, los padrinos regalan macetas a sus ahijados como símbolo de cariño y compromiso. No es solo un dulce: es un acto de amor.
¿Cómo se hace una maceta?
La elaboración comienza con la recolección del maguey. Se recorta, se limpia y se prepara como la base o soporte. Luego vienen las tiritas de papel de colores, los alfeñiques moldeados, las figuritas decorativas y el infaltable ringlete, esa mariposa de viento que con solo una brisa empieza a girar, como si la infancia cobrara vida.
Los ringletes, hechos tradicionalmente con cartulina o acetato, giran como los recuerdos de tantos caleños que crecieron recibiendo una maceta de su padrino o madrina. Se adornan con banderitas, muñequitos y temáticas creativas. Cada pieza es única, como lo es cada relación entre padrino y ahijado.
De la leyenda al patrimonio
Más de 100 años lleva esta tradición, que pasó de ser una historia familiar a un orgullo caleño. En 2013, las macetas fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Nación, un reconocimiento a esa herencia dulce que une generaciones. Y en 2025, se celebran 25 años de la Asociación de Maceteros de Cali (Asomacetas), fundada para preservar y promover esta tradición.
Asomacetas ha sido fundamental en la labor de mantener vivo este arte: organizan ferias, talleres y exposiciones, donde miles de personas se congregan cada junio para comprar, aprender y celebrar. Este año, las macetas oscilan entre 20.000 y 45.000 pesos, dependiendo del tamaño y la temática.
Una tradición que no se puede perder
Las calles de Cali se llenan de color y los puestos de venta florecen en plazas, parques y centros comerciales. Los padrinos recorren la ciudad para encontrar la maceta perfecta y los niños la esperan con ilusión. Porque regalar una maceta no es dar un dulce: es reafirmar un lazo. Es un símbolo de que el amor también se transmite con azúcar, viento y con manos caleñas.
Las macetas nacieron en Cali, son caleñas, son nuestras y en cada palo de maguey vibra la voz de Dorotea, quien sin tener nada, lo dio todo.
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Fernando Andrés Quintero
Comunicaciones Alcaldía de Cali
Fotos: Oswaldo Páez
Cámara: Alexis Ocampo