Cultivando bienestar y cosechando sueños
"Más que entregar un almuerzo o un refrigerio, es convertir los comedores en espacios para la transformación social aportando nuestro granito de arena para la educación, acompañamiento emocional, fomentando la cultura en nuestros niños", afirma Jorge Martínez, gestor del comedor Cultivando Bienestar y Cosechando Sueños.
Jorge ve en el servicio a los otros, un gran sentido de vocación que se despertó en su corazón desde que era niño: "mi anhelo siempre fue ser sacerdote; pensaba que este era el camino para darles a las personas en condición de vulnerabilidad todo lo que la vida a mí me ha dado", comentó.
Con estudios en Filosofía y Letras, Psicología, Enfermería y Teología, es un hombre admirado en su comunidad. "En mi vida ha estado siempre presente el hacer voluntariado. Estando en el segundo semestre de teología -en mi objetivo por ser sacerdote- decido no serlo, pues ahora pienso que para servir no necesito tener un hábito; entonces, empiezo mis estudios como gerontólogo para ayudar a los adultos mayores".
Y es que además del servicio dirigido a las personas mayores, hace 6 años Jorge, creó una Fundación que tiene el mismo nombre del comedor y se encuentra ubicada en el barrio Marroquín II (Distrito de Aguablanca) y está dirigida a la población infantil.
"Hago parte del programa Corazón Contento; el comedor tiene como objetivo suplir las necesidades de los niños y niñas de este sector, donde las mamás en su mayoría son cabeza de hogar y tienen que trabajar durante todo el día; por lo tanto, los niños no tenían una comida caliente y se quedaban solos después de su jornada escolar; mi granito de arena es ocuparlos en ese tiempo libre con talleres para reforzar sus tareas escolares, talleres de psicología, manualidades, promoción al deporte y a la cultura".
Jorge describe que, en todo este trayecto al servicio a la comunidad, lo más difícil ha sido el factor económico. "Al inicio en este camino me tocó vender mi portátil, mis relojes, fiar en las tiendas cuando nunca lo había hecho, cocinar, lavar los baños; se juntaron muchas cosas y no fue fácil, pero la respuesta de Dios ha sido extraordinaria y también ha colocado en esta bonita labor a ángeles como la Alcaldía de Cali, la Arquidiócesis, las personas voluntarias y Unicatólica, que me han ayudado y este bonito proyecto ha sido posible".
"Hoy siento alegría y satisfacción, porque ver a un niño comiendo su comida calientita y saber que es un niño menos que aguanta hambre, que sube de talla y peso, que han mejorado su autoestima, su condición académica, sus relaciones interpersonales es una verdadera felicidad".
Diariamente, más de 50 niños son atendidos en el comedor, un espacio lleno de amor, solidaridad, que hace honor a esa bonita frase de Mahatma Gandhi qué dice: "Quien no vive para servir, no sirve para vivir".
"Pienso que en este mundo todos vinimos para algo. Yo no nací para ser padre de familia, ni para casarme, vine a este mundo para servir, para ayudar en lo que yo pueda, y tengo claro que hasta el último minuto de mi vida lo voy a hacer porque así como yo le entrego a la vida Dios me lo devuelve en bendiciones y en satisfacciones. Mi mensaje es que ayudemos no entregando una moneda al que le necesita en la calle, lo correcto sería mirar su necesidad más a fondo, buscar una ruta de atención, dedicarle tiempo de calidad a quien lo necesita" concluyó.
Este líder es un ejemplo de la apuesta del programa de Seguridad Alimentaria Corazón Contento, que adelanta la Alcaldía de Cali, porque aporta al empoderamiento de las comunidades desde la lucha contra el hambre; para Jorge es claro que detrás de cada plato de comida que entrega se cocina una labor más grande de construcción de tejido social.
Zully Anacona Peña