Del andén a la U
Una sensación indescriptible invadió su cuerpo de la cabeza a los pies. Fue una sensación muy rara. Ni siquiera la había sentido en los 10 años que vivió en la calle bajo el consumo de sustancias psicoactivas que, lentamente, también consumían su cuerpo y su alma.
Ella era consciente de lo que estaba pasando, pero era incapaz de digerirlo. En su mente se encontraron muchas emociones, recuerdos malos y buenos, tristezas, alegrías, desengaños y discriminación.
“Habité la calle durante diez años. Estaba muy aburrida de la vida que llevaba, por eso decidí consumir heroína, quería morirme, pero en lugar de ello, me llevó a que tuviera una habitanza en calle muy deplorable, en circunstancias inhumanas; dormí en los andenes, comí de lo que encontraba en la basura”, dice esta mujer, mientras recalca que los habitantes de calle no son basura, ni dejan de ser personas porque decidan vivir en calle.
Pero sabiéndose guerrera, Alexandra Muñoz Motato tomó un nuevo aire y se dijo: “Salí de la calle, puedo también con mi primer día como estudiante de Trabajo Social en la Universidad Claretiana, en Cali. Voy a probar de qué estoy hecha. No le tengo miedo a un aula de clase. Seré profesional”.
Dicho y hecho. Se levantó del asfalto gracias a que su familia la apoyó y la Secretaría de Bienestar Social de la Alcaldía de Cali le tendió la mano, le brindó la oportunidad de trabajar como una funcionaria más de la Administración Distrital para que tuviera la manera de sostener sus gastos y, ahora, acceder a la oportunidad de cursar sus estudios profesionales.
El recibimiento amoroso, el trato humano de sus compañeros de clase y la confianza que depositaron en ella directivas y profesores, la dejaron sin palabras, pero su mirada brillante lo decía todo.
Esta joven mujer cuenta entre sus logros, además de superar su vida en calle, la realidad de haber formado un hogar, con un hombre maravilloso que la amó, sin importar su pasado, y con quien hoy tiene un pequeño de año y medio, un chiquitín que se convirtió en un impulsor para que Alexa, siga cosechando triunfos.
Por ser amplia conocedora de la problemática de calle, con la Secretaría de Bienestar Social hace acompañamiento para ir por todos los rincones de la ciudad a dialogar y alentar a los más de 4.749 seres que aún no se han levantado de los andenes. Se pone como ejemplo, les hace ver que no hace mucho ella estaba en una situación igual, pero que por una decisión tomada a tiempo ahora está libre de vicios; es esposa, madre, universitaria, servidora pública y ve el mundo de otra forma.
Aunque su mayor logro fue la superación de los narcóticos, saca pecho y se siente orgullosa de saber que se viste con la nueva ropa que ha comprado con su trabajo; que gracias a sus ingresos compró una moto en la que se moviliza, sacó su licencia de conducción y va por otras metas.
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Alexandra puede dar fe de que en diferentes sectores de la capital vallecaucana aún quedan muchos de quienes fueron sus compañeros de aventura que son profesionales, bilingües, letrados y literatos que por malas decisiones están ahí. Son muy inteligentes y les duele en el corazón cada maltrato, ofensa y humillación que les dan las personas indolentes, y eso hace que se hundan más porque dejan de creer en ellos; sienten que son lo peor, que no sirven y no valen nada, a sabiendas que todo ser humano vale.
“Querer es poder. Me incliné a estudiar Trabajo Social porque sé cómo dirigirme a los habitantes de la calle, pero no a otras poblaciones vulnerables y en mí está servir a los que necesitan. Como mujer, sé que nosotras podemos con muchas cosas, todo lo que como mujeres nos proponemos lo hacemos. Una mujer puede con su casa, con su hijo, al mismo tiempo trabajar y estudiar, sin descuidar ninguna obligación. Nosotras somos capaces de muchas cosas, nada más tenemos que creerlo”, dice sonriente Alexandra, mientras espera continuar con sus clases, llena de ilusiones.
Alexandra Muñoz Motato, testimonio de superación de vida en calle
Gloria Andrea Buriticá