El juego, la escucha y la esperanza: así se transforma la vida de la niñez y las familias damnificadas en los hoteles de Cali
- Tras el terremoto del 10 de agosto, la Alcaldía de Santiago de Cali, a través de la Secretaría de Bienestar Social, transformó algunos hoteles en refugios protectores para más de 400 personas entre niños, niñas adolescentes y familias afectadas.
- A través de la Subsecretaría de Primera Infancia y el Programa Familia y Niñez, se brindó una atención integral centrada en la prevención de la violencia, primeros auxilios psicológicos y talleres de regulación emocional.
Santiago de Cali, 2 de octubre de 2026
Los pasillos de los hoteles, antes fríos y ajenos al ajetreo cotidiano, guardan hoy el eco suave de risas infantiles y pasos amortiguados sobre la alfombra. Tras la zozobra y la incertidumbre que dejó el terremoto del pasado 10 de agosto, la vibración del suelo fue reemplazada por la calidez de un refugio inesperado. Los vestíbulos y salones ya no reciben a turistas de paso, sino a familias enteras que encontraron bajo estos techos un espacio protegido donde la vulnerabilidad del desastre natural empieza a transformarse en la dignidad de la reconstrucción humana.
Para Sheila Guerra, habitante del sector Alto de Nápoles, esa calma tiene un valor incalculable. Su recuerdo aún conserva el frío de las noches vividas en carpas improvisadas y la angustia de ver cómo las lluvias inundaban su escaso refugio terrenal. Hoy, desde el calor del hotel MS, sus ojos reflejan el alivio de haber dejado atrás el barro y el desamparo; la presencia constante de los equipos psicosociales de la Secretaría de Bienestar Social de la Alcaldía de Cali que llegan desde muy temprano a tenderles la mano le ha devuelto la certeza de que, aun en medio de la tempestad, no le faltará un abrazo ni una palabra de aliento.
Entre los pasillos, la vida también busca abrirse paso a través de la esperanza y la convivencia diaria. María Fernanda Anisarez García, del barrio Poblado II en la Comuna 13, reconoce que estas dinámicas han sido una luz en medio del encierro, transformando la frustración del aislamiento en un motor para seguir adelante. Con la misma gratitud se expresa María Fernanda Ramírez, del barrio Cuarto de Legua, quien resalta cómo el acompañamiento continuo, casi las 24 horas del día, ha sostenido la salud física y mental de los suyos, protegiendo lo más sagrado: la tranquilidad de los niños y niñas.
Es precisamente en la infancia donde los verdaderos milagros de la resiliencia cobran vida cotidiana. Mientras la Subsecretaría de Primera Infancia y el Programa Familia y Niñez despliegan zonas seguras y estimulación constante, los niños reconstruyen su mundo jugando.
Con apenas seis años, el pequeño Juan Pablo Cortés García cuenta con la pureza de su voz que ha aprendido "a no pelear" y "a compartir", mientras que Taylor Mariana, de siete años, admite que aunque la preocupación a veces ronda el ambiente, las dinámicas de los profesionales le han permitido a ella y a sus amigos dispersar la mente y llenar de colores la incertidumbre.
Detrás de cada puerta hay una historia que sanar, y detrás de cada atención psicosocial, un equipo humano de la Alcaldía de Cali que escucha con el corazón. A través de la orientación familiar, las pautas de crianza y los primeros auxilios psicológicos brindados en los alojamientos, la ciudad demuestra que la verdadera reconstrucción no se mide solo en ladrillos o estructuras, sino en la capacidad de envolver el dolor en empatía. En estos hoteles transformados en hogares provisionales, la escucha activa y el juego han garantizado que la niñez vuelva a sonreír y que ninguna familia vuelva a sentirse sola.
Comunicaciones Secretaría de Bienestar Social