Educación como prioridad para recuperar a Cali después del terremoto: 95% de los estudiantes ha regresado a la presencialidad
- Las 338 sedes educativas oficiales de Cali ya cuentan con una valoración técnica después del terremoto.
- Continúan activos 11 frentes de obra.
- La respuesta combina rigor técnico, garantía del derecho a la educación y acompañamiento a las familias.
Santiago de Cali, 3 de septiembre de 2026
El terremoto del 10 de agosto de 2026 alteró de manera abrupta la vida de Cali y puso a prueba la capacidad institucional para responder no solo a la emergencia física, sino también a sus consecuencias sociales. En ese escenario, la educación se convirtió en una prioridad para la recuperación de la ciudad.
La Secretaría de Educación Distrital, liderada por Sara Rodas, actuó desde una premisa clara: volver a la escuela no podía significar exponer a estudiantes, docentes, directivos y familias, pero tampoco podía aplazarse indefinidamente. Cada día por fuera de las aulas afecta los aprendizajes, la alimentación, el cuidado y la organización cotidiana de miles de hogares.
Una respuesta técnica para volver a las aulas
En las primeras horas posteriores al sismo, 214 de las 338 sedes educativas oficiales reportaron algún tipo de afectación. Para responder, la Secretaría conformó 10 cuadrillas técnicas integradas por ingenieros estructurales y arquitectos, que recorrieron las instituciones para determinar sus condiciones reales.
No se trataba únicamente de recibir reportes o hacer inspecciones visuales. Era necesario emitir conceptos técnicos que permitieran establecer qué espacios podían ocuparse, cuáles requerían restricciones y cuáles debían permanecer cerrados. En pocas semanas se completó la evaluación de la totalidad de las sedes oficiales: 248 quedaron habilitadas y funcionales, 81 parcialmente habilitadas y 9 inhabilitadas.
Este proceso permitió que Cali pasara de no conocer con certeza el estado de cientos de edificios escolares a contar con una ruta diferenciada de ocupación, con rigor técnico y por la garantía del derecho.
La pregunta no fue solamente cuándo abrir los colegios, sino cómo garantizar la mayor presencialidad posible sin comprometer el bienestar de las comunidades educativas. Por eso, el retorno se organizó de manera progresiva entre presencialidad completa, alternancia y atención temporal no presencial, de acuerdo con las condiciones de cada sede.
El 21 de agosto, 86.003 estudiantes cerca del 60% de los 142.000 matriculados en el sistema oficial ya habían regresado a sedes habilitadas. En el primer balance consolidado, el servicio se encontraba en 76 % de presencialidad, 4 % de alternancia y 20 % de atención no presencial. El avance continuó hasta alcanzar el 95 % de estudiantes nuevamente en las aulas, mientras 11 frentes de obra trabajaban en la recuperación de la infraestructura afectada. Así, Cali pasó del cierre preventivo del sistema educativo a recuperar la presencialidad para aproximadamente 95 de cada 100 estudiantes en cuestión de semanas.
Recuperar la escuela es recuperar a la ciudad
Defender la presencialidad no es únicamente una decisión pedagógica. Cuando niñas, niños y jóvenes regresan de manera responsable al colegio, recuperan el contacto con sus docentes y compañeros, la alimentación, los espacios protectores y una parte esencial de su estabilidad emocional. Al mismo tiempo, madres, padres y cuidadores pueden retomar paulatinamente sus rutinas laborales y productivas.
Por eso, reabrir una escuela después de un terremoto significa mucho más que habilitar un edificio. Significa recuperar aprendizajes, cuidado, alimentación y confianza; también significa permitir que miles de hogares comiencen a reconstruir su vida cotidiana.
El retorno requirió mucho más que aulas. La Secretaría reorganizó el Programa de Alimentación Escolar de acuerdo con las condiciones de cada sede: 78 % mantuvo preparación en sitio, 15 % alimentación industrializada y 7 % atención mediante canasta. En una emergencia, el PAE no solo favorece la permanencia escolar; también constituye una medida de protección para numerosas familias.
A esta respuesta se sumó la estrategia “Todos Somos Educación”, que llevó ayudas directamente a familias de las comunidades educativas afectadas. En una de las jornadas se proyectó la entrega de 240 mercados y 226 kits de aseo en sectores del sur, oriente y norte de Cali.
Mientras avanzaban las evaluaciones, también comenzaron las intervenciones. Se reactivaron los frentes de obra existentes y se iniciaron trabajos de habilitación y mitigación del riesgo. Actualmente, 11 frentes trabajan directamente en la recuperación de instituciones educativas.
La emergencia encontró a Cali ejecutando una política de infraestructura educativa que ya estaba en marcha. Antes del terremoto, el Distrito había proyectado más de $208.000 millones para infraestructura escolar: $182.910 millones provenientes del empréstito “Invertir para Crecer”, además de recursos propios y presupuesto participativo. Esta inversión respondía a una vulnerabilidad histórica: el 52 % de las sedes educativas fue construido antes de 1984.
Es importante precisar que los más de $208.000 millones corresponden a inversiones programadas antes del sismo y no deben presentarse como un presupuesto inicial de reconstrucción educativa post-terremoto. La cifra definitiva de esa reconstrucción deberá comunicarse una vez sea consolidada y validada.
La respuesta educativa se ha sostenido en presencia territorial, decisiones basadas en evidencia y velocidad con responsabilidad. La ocupación se autorizó sede por sede y, cuando fue necesario, espacio por espacio. El propósito no fue abrir por presión, sino evaluar con rapidez para retornar de manera responsable.
Después del terremoto, la educación no fue un asunto posterior a la emergencia. Fue parte de la respuesta desde el primer momento y hoy es una pieza central de la recuperación de Cali.
El balancf general es de 338 sedes evaluadas, 248 habilitadas, 81 parcialmente habilitadas y 8 inhabilitadas. Adicionalmentr, 95 % de los estudiantes están en presencialidad, mientras que hay 11 frentes de obra activos.
Recuperar a Cali también significa recuperar sus escuelas. Una ciudad comienza a ponerse de pie cuando sus estudiantes pueden regresar a las aulas, sus docentes pueden volver a enseñar y sus familias encuentran condiciones para reconstruir su vida.
Daniela Chávez Noguera
Comunicaciones Educación
Alcaldía de Santiago de Cali