Volver a empezar: la escuela como lugar de acogida y segunda oportunidad para los jóvenes del sistema penal
- Los centros de formación juvenil Buen Pastor y Valle del Lili están adscritos a la Institución Educativa Técnica Ciudad de Cali.
- 24 docentes hacen parte del Sistema Penal Adolescente de Cali.
Santiago de Cali, 15 de septiembre del 2025
Cada mañana, 24 docentes comprometidos con la Secretaría de Educación de Cali comienzan su día con una misión clara y poderosa: transformar vidas a través de la enseñanza. Ellos entran a los centros de formación juvenil Valle del Lili y Buen Pastor, espacios donde la libertad está en pausa, pero donde también nace la esperanza.
Aquí, donde los jóvenes cumplen sanciones en el Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente, la enseñanza se vive con la misma pasión y compromiso de siempre. Los profesores transforman cada clase en un ambiente de aprendizaje real y significativo, demostrando que la educación no conoce muros ni barreras. A pesar de la disciplina estricta y la vigilancia constante, estos espacios se convierten en aulas llenas de esperanza, donde cada joven tiene la oportunidad de construir un futuro diferente.
Adriana Gutiérrez de la Cruz, docente de tecnología e informática, recuerda el inicio de este camino como una sorpresa. “Yo participé en el concurso de la Comisión Nacional del Servicio Civil y gané una plaza, pero nunca nos especificaron que era para el sistema de responsabilidad penal adolescente. Al comienzo fuimos ocho profesores, pero con el tiempo solo quedamos cuatro”.
Su relato refleja la dureza de esta labor y los retos que deben enfrentar, como lo son estudiantes con retrasos académicos, dificultades de lectoescritura y un peso emocional que a veces les impide siquiera prestar atención a una clase. “Aquí hay chicos que no le ven sentido a su vida, que cargan sanciones de cuatro o cinco años, y uno llega a enseñarles cuando ni siquiera quieren levantarse de la cama. El reto más grande es la motivación, lograr que la escuela sea un espacio que los conecte con la posibilidad de cambiar su horizonte”, cuenta Adriana.
A lo largo de siete años, calcula haber acompañado a cerca de dos mil adolescentes. Cada uno con una historia distinta, pero con un mismo punto en común, la necesidad de creer que pueden volver a empezar. “No podemos esperar a actuar solo cuando los jóvenes ya están privados de libertad. Desde aquí debemos construir caminos que también sirvan afuera, para que entiendan que la educación puede ser una brújula que reoriente sus vidas”, añade con firmeza.
En el centro de formación juvenil Buen Pastor, Laura Macenet vive un desafío similar. Ella también enseña tecnología, pero reconoce que en este contexto los recursos son limitados y que el ingenio se vuelve su mejor aliado. “Uno llega y no sabe qué va a pasar. No hay guion, cada día depende de cómo estén los chicos y de la disposición que tengan, entonces toca preguntarles qué les gusta, qué quieren aprender, y desde ahí empezar a despertar curiosidad”.
Como mujer, ha enfrentado también barreras adicionales. “A veces debemos exigir el respeto de algunos estudiantes, porque sus vivencias están atravesadas por violencias que se reflejan en el trato, pero más allá de eso, ellos merecen una educación de calidad, estén donde estén, tienen derecho a un maestro que les dé lo mejor”, afirma.
En su experiencia, la escuela en medio del encierro no se limita a transmitir conocimientos, sino a sembrar empatía, respeto y la certeza de que existe un futuro por construir. “Uno aprende tanto de ellos como ellos de uno, la educación aquí no es solo enseñar tecnología, es brindar herramientas para que, cuando salgan, sepan que tienen un camino distinto al que los trajo hasta acá”.
Entre pasillos silenciosos, puertas cerradas y jóvenes que cargan historias difíciles, los 24 docentes del sistema se convierten en guías, sembradores de esperanza. En sus clases, los muros se vuelven invisibles y los adolescentes encuentran, la posibilidad de ir forjando un nuevo futuro.
Lina García Díaz
Comunicaciones Secretaría de Educación