”La violencia no puede ser la única opción, contribuimos en la transformación de la comunidad”: Cascos Azules
La historia de Colombia se ha desangrado en medio de divisiones, partidos, colores, creencias e intereses. En medio de este panorama, muy pocos le dan credibilidad a la opción del diálogo. Sin embargo, siempre hay quien cree que de pequeños pasos se hacen grandes caminos.
Julián Rodas es un mediador voluntario de la secretaría de Paz y Cultura de la Alcaldía de Cali; con 32 años, sabe que pararse en la mitad de las protestas no es una tarea fácil, pero puede más su convicción en que el diálogo y la empatía por el otro tiene mejores finales que el de la violencia histórica de su país.
“Velamos por el derecho a la protesta pacífica. Hay cuatro funciones específicas de los cascos azules, la primera es construir diálogo con la comunidad y quienes ejercen la protesta, la segunda es la concertación con la fuerza pública para evitar enfrentamientos, la tercera opera ya en medio de confrontaciones, verificando que el uso de fuerza se aplique de acuerdo a la normatividad, el cuarto momento inicia si hay detenciones: verificamos que las aprehensiones sean legales, que sean sujetos de derechos y no sean estigmatizados, y por último, si hay heridos, facilitamos el ejercicio de la misión médica y que haya atención adecuada. Habilitamos brigadas en los puntos de concentración.”
Julián se desempeña como coordinador de la ficha de prevención de reclutamiento subutilización de niños, jóvenes y adolescentes de la secretaría de Paz y Cultura Ciudadana, pero se ofreció como voluntario para mediar en las calles por el respeto a las marchas pacíficas desde el miércoles 28 de abril. “Estamos aquí porque creemos en el diálogo, y en que la alcaldía puede dignificar la vida a través de los derechos humanos: por ello hacemos parte de este grupo de humanos”.
Julián explica que hace poco tuvo una confrontación con un agente de policía porque no quería quitar su mano del arma y lo estaba grabando para verificar el proceso, pero el policía se sintió agredido al sentirlo tan cerca y reaccionó con fuerza. “Hay un momento en que el conflicto es muy álgido. En ese instante solo quise ponerme seguro y seguir trabajando por todos, inclusive por el policía que me agredió y sus derechos. Despierta emociones, se siente rabia y frustración porque estás trabajando por el otro y te responden mal. Sin embargo, hay un ejercicio de reconciliación porque a eso es que le apostamos: a la paz”
Los integrantes de cascos azules han hecho parte de los corredores humanitarios y han aprendido a entender que los jóvenes que están integrando las marchas también tienen unas falencias y que la policía también quiere mantener el orden público, todos tienen razones inspiradoras.
“Hay muchachos con sufrimientos personales y deficiencias estructurales en educación, salud y trabajo, y que ahora están en las calles tratando de transformar esas dinámicas”
Julián tiene un hijo de tres años y una esposa que también sirve a la comunidad como médica. Él tiene jornadas laborales que se han extendido de 7 de la mañana a 12 de la noche o más. “Yo extraño a mi hijo, a mi casa, la cotidianidad de poder ver una película con ellos, pero creo fielmente en mi trabajo y en la protección a los vulnerados y por eso doy mi cuota”
Su esposa se preocupa, pero como médica sabe que el trabajo de ambos le aporta a la construcción del país. Con los ojos llorosos Julián menciona que su esposa le repite que lo extraña o que su hijo le reclama la rutina de hacerlo dormir.
“Son dinámicas propias de un trabajo que exige más de lo humano para que las cosas cambien, nosotros creemos que el trabajo que hacemos transforma comunidad y por eso le ponemos todo el corazón.”
Carolina Tascón