Chipichape y Avenida Sexta: civilización de pueblos, maquinaría de sueños y emblemas de ciudad
Parece que fue ayer cuando aquel 25 de septiembre del 1955 marcaban las 7:00 de la mañana en el reloj de pulso de Publio Castillo, un joven aprendiz de ajuste y montaje de locomotora a vapor, para quien empezaba la jornada laboral cuando arribaba el ‘Tren de obreros’ a San Judas para llevarlos a ‘Talleres de Chipichape’, pasando por el puente y donde les esperaban trenes, autoferros y carromotores para reparar.
Sentado en un sillón, con un cierto brillo en su mirada y relatando memorias de orgullo y felicidad, porque “recordar es vivir” viajó en el tiempo, precisamente a aquel 25 de septiembre del 1955, cuando ingresó a los ‘Ferrocarriles del Pacífico’ recién desempacado de su natal Tumaco (Nariño), la cual dejó para buscar oportunidades y mejorar la calidad de vida de su amada madre, doña Graciela Hurtado.
“Tenía 16 años y tuve mi primer ingreso a los Ferrocarriles como aprendiz de ajuste y montaje de locomotora a vapor. Ganaba $3 con 68 centavos y luego me subieron el sueldo a $4 con 10 centavos. Estuve unos meses con la empresa y luego mis superiores me llamaron a relación porque no definía mi situación militar, entonces tuve que salir y prestar servicio para regresar a la empresa en Tumaco, luego llegar a Bogotá y de ahí pedí traslado al Pacífico. Entré al Sena y ahí empecé mi carrera administrativa en los Ferrocarriles, ascendiendo a grados 4, 3, 2 en maquinaria pesada” recuerda Castillo Hurtado.
En esa época los ferrocarriles tenían trayectos que salían de Cali a Armenia y Cali - Buenaventura, como autoferros Cali - Zarzal - Cartago y La Felisa (Caldas), el horario de salida eran a la 1:00 y 6:00 de la tarde y los convoyes se abordaban en ‘La Estación’, donde opera ahora Metro Cali S.A., aquel sitio que conservaba y conserva unos gigantes murales que narran historias nativas y de arribo del hombre blanco a América.
Aquellos trenes que fondeaban a Talleres de Chipichape -lugar que tenía su ubicación en el actual Chipichape Plaza Shopping- se sometían a sesiones de carpintería, herrería, fundición, material rodante y tracción diesel, donde se hacía cambio de aceite para que no tuvieran mala viscosidad, se les tensionaba la correa de los ventiladores, las zapatas gastadas, que casi siempre tenían que cambiarlas porque el émbolo estaba muy afuera y quedaban listos para retornar a sus trayectos regionales o nacionales.
“Los días se pasaban entre cajas de herramientas, el olor a combustible y las vías férreas, esas mismas que transitábamos cuando no alcanzábamos el Tren de obreros o los carromotores y debíamos salir de La Estación a pie, camino al Puente de Chipichape. Es una lástima que los talleres se vendieran y no se conservaran así como se exhiben las locomotoras en esos sitios. Los ferrocarriles no debieron terminar y sí darles continuidad para conservar historia de la civilización de pueblos. Los proyectos no deben terminarse y trabajarlos, así como lo que se busca con el Tren de Cercanías o la recuperación de la avenida Sexta. Recuerdo que todo el que quería ir a Yumbo debía pasar por ahí y que cuando se pasaba en los trenes se podía ver ese gran camino al centro de la ciudad”, cuenta este jubilado de los Ferrocarriles Nacionales de Colombia.
El crecimiento conlleva a los pueblos a construir civilizaciones. A Cali por la necesidad de tener una vía entre el centro de la ciudad y los talleres del ferrocarril, porque lo que existía era un camino de herradura entre Cali, Yumbo y Vijes. Al crecer la ciudad y al desarrollarse el tren, fue necesario construir una vía que ha tenido sus transiciones de Camino Real y Avenida Ayacucho a Avenida Sexta, su construcción desde el centro; el puente Ortiz hasta lo que hoy es la calle 36, Puente Chipichape; una zona completamente rural y nada residencial.
“Al construir la Avenida Ayacucho se posicionaron muchos empresarios y líderes de la ciudad, generando unas residencias muy bonitas, desde el punto de vista de construcción bastante modernas para su época, todo tipo de modelos de construcción se veían ahí. Fue una época que se vivió un auge en la construcción. Lo importante es que fue cogiendo un nivel muy alto y alrededor de la avenida Ayacucho, formando entre los años de 1920 – 1940 los barrio Granada, San Vicente, Santa Mónica y Versalles, territorios muy emblemáticos para la caleñidad, desarrollando el norte de la ciudad y una avenida Sexta como escenario económico, social y tradicional de la capital vallecaucana” explicó, el secretario de Infraestructura Distrital, Néstor Martínez.
La ‘Avenida Sexta’ inspira e ingenia proyectos, como los intentos del año 2000 por una reactivación económica, que desde las administraciones pasadas se ha intentado. Hoy en día existe una posibilidad de mejorarla; cuando en el año 2018 se hizo un estudio y mediante concurso de méritos se logra visualizar desde el impacto peatonal y hoy se presenta la oportunidad en el gobierno del Puro Corazón un proyecto necesario para realizar; un paseo de la Sexta, que trae consigo cultura, arte, turismo y civismo, ese que pide a gritos una Cali en desarrollo y modernización.
Según Martínez, “Debemos generar unos espacios entre el oeste y el centro de la ciudad, entre el oeste y el oriente; porque eso es lo que hace la avenida Sexta, además de transitar de sur a norte, también hace un traslado transversal entre el occidente y el oriente. Como administración debemos dar otra cara y vida a este lugar significativo para los caleños. Consideramos, como Secretaría de Infraestructura, que es absolutamente necesario hacer una inversión importante sobre este sector para que la ciudad se reactive económicamente”.
Como bien dirían ‘Al que le gusta, le sabe’ y la proyección se afina con el sello de la Administración Distrital del médico y alcalde Jorge Iván Ospina. La caleñidad se encuentra expectante por lo que sería un ‘borondo’ en una Avenida Sexta que culmina en el Puente de Chipichape y que merece una recuperación a la altura de ‘La capital mundial de la salsa’, esa misma que día a día se reconstruye para avanzar en el tiempo y seguir siendo punto de referencia, no solo de región sino mundial, porque eso de que ‘Cali es Cali y lo demás es loma’ no se pierde en el transcurso de los años y antes invita a amar y sentir orgullo por esta tierra de soñadores.

Rosa Castillo Manjarrés