Tejiendo Esperanza: el Comedor Comunitario que sirve resiliencia y reconciliación
Santiago de Cali, 28 de agosto de 2025
En medio del estruendo que sacudió a la Base Aérea y Villacolombia, hay un lugar donde la calma se sirve en platos llenos. Es el comedor comunitario Tejiendo Esperanzas, un refugio para aquellos que a menudo son olvidados: los adultos mayores y la población en situación de calle. Su corazón y su alma es Janet Castañeda Torres, una mujer cuya fortaleza parece tan inquebrantable como el amor que le dedica a su comunidad.
Hace un año, este hermoso espacio se unió a la red de comedores apoyados por la Alcaldía y la Arquidiócesis de Cali. Pero Janet ha estado sirviendo a su gente por mucho más tiempo, impulsada por un profundo deseo de conectar a las personas. "Me gusta el servicio a la comunidad, porque hay muchas personas que se sienten solas, en este lugar pueden interactuar y generar vínculos", cuenta. Para ella, el alimento es solo el primer paso; la verdadera nutrición viene de las actividades que ofrecen, de la compañía y del sentido de pertenencia que construyen día a día.
El pasado jueves 21 de agosto, mientras el mundo de doña Janet parecía desmoronarse, su esperanza se puso a prueba. Apenas diez minutos antes de las 3 de la tarde, había terminado sus labores en el comedor, despidió a las gestoras auxiliares quienes se dirigían a sus viviendas, agotada por la fibromialgia, se quitó los zapatos para descansar cuando la primera explosión la sacudió hasta los huesos. "Busco a mi nieta porque ella estaba conmigo, mientras me paraba sonó la segunda explosión, me asusté mucho, inmediatamente pensé en mi familia, mi nuera y mi nieto, que estaban cerca de la casa", relata con la voz entrecortada. El estruendo fue tan violento que sintió "como si el mundo se fuera a acabar". Abrazó a su nieta, aferrándose a la vida, mientras el pánico se apoderaba de ella.
El susto la dejó sin fuerzas, deprimida y nerviosa, le dijo a su hijo que no se sentía capaz de abrir el comedor. La luz que había mantenido encendida por tanto tiempo parecía a punto de apagarse. Pero en ese momento de profunda desesperación, encontró apoyo en la misma red que ella tanto valoraba. El programa de Comedores Comunitarios respondió de inmediato, brindándole acompañamiento sicológico el mismo día de la tragedia. Después de hablar con la sicóloga, Janet sintió que el respaldo la devolvía a la vida. "Me sentí mucho mejor, más tranquila y con fuerzas para abrir de nuevo mi comedor", afirma.
Janet es una mujer marcada por el dolor, una madre que perdió a su hijo mayor a causa del cáncer. A pesar de las cicatrices, su espíritu resiliente la impulsa a seguir adelante, sirviendo a más de 90 personas a diario con el mismo amor y esmero de siempre. Su historia no es solo un testimonio de lo que se perdió ese fatídico día, sino un recordatorio de lo que no se pudo destruir: la compasión, la solidaridad y la inquebrantable voluntad de una mujer que, con cada plato servido, sigue tejiendo esperanza en medio de la adversidad.
Zully Anacona Peña