A Cali, buena sombra la cobija
La Sucursal del Cielo tiene el privilegio de ser una de las pocas capitales en Colombia en las que sus autoridades ambientales trabajan de la mano para darles a los caleños una calidad de vida inigualable.
Prueba de ello es la unión de esfuerzos que hicieron la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca – CVC y el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente – Dagma, para llevar a cabo el censo arbóreo que no se realizaba desde el año 2015.
Pero no se han quedado en el mero censo. A medida que avanza el proceso, se ocupan de analizar la problemática que presentan los árboles de la ciudad y buscar soluciones conjuntas para evitar volcamientos inesperados, proliferación de plagas inusitadas y sobrepoblación de especies invasivas.
A iniciativa del director de la CVC, Marco Antonio Suárez Gutiérrez, un grupo de trabajo se viene ocupando del arbolado urbano de la ciudad, involucrando a más de 500 personas distribuidas en 34 equipos compuestos por ingenieros forestales, técnicos y miembros de las comunidades, para hacer recorridos e inspecciones apoyados por ingenieros, biólogos y trabajadores sociales, con la mira de sembrar en este 2023, un estimado de 50.000 de los 100.000 árboles fijados como meta en el Plan de Desarrollo de Cali.
De manera simultánea y en concordancia con la autoridad departamental, el Dagma como autoridad municipal viene haciendo lo propio bajo la supervisión del líder del área de flora, Miguel Fernando Vásquez, para darle cuerpo al convenio interadministrativo emanado de los recursos sobretasa ambiental.
“Estamos realizando la planificación de los proyectos ambientales en beneficio de la ciudad como el mantenimiento y siembra de árboles, en busca de mantener un clima agradable, descontaminar el medio ambiente, hacer la actualización arbórea para conocer la cantidad de ejemplares, su estado fitosanitario y el tratamiento a seguir”, manifestó Vásquez.
Se consolidan las cifras
En cuanto al censo del año 2015, este arrojó que en aquel entonces Cali contaba con 296.500 individuos sembrados en sus 22 comunas; siendo 200.551 árboles como tal, 42.786 arbustos, 419 guaduales o bambúes, 49.783 palmas y 2.176 arbustivas. Se identificaron 88 familias botánicas, 302 géneros y 474 especies.
Ello significó una proporción de 8 habitantes por árbol, cifra generosa si se tiene en la cuenta que según la Organización Mundial de la Salud – OMS, lo ideal es que en las poblaciones urbanas exista un mínimo de 3 habitantes por árbol. Respecto del estado de los mismos, se detectó que el 44.9 % de los árboles y el 22.3 % de las palmas presentaban afectaciones fitosanitarias.
El censo que se viene levantando en este 2023 revela -según datos parciales-, que en estos últimos 8 años la población arbórea se ha incrementado y se estima que en Cali existan 350.000 individuos, producto de la captura de información en parámetros y variables para la cuantificación de servicios ecosistémicos, utilizando una herramienta informática novedosa denominada iTree.
Igualmente, con la cuantificación y localización espacial de dichos 350 mil árboles en zonas públicas; incluyendo las áreas de expansión e instituciones educativas y deportivas de la ciudad.
La aplicación está hecha a la medida, utilizando dispositivos móviles que permiten registrar diversos datos técnicos, guardar la ubicación y registros fotográficos, al tiempo que se evalúa el estado fitosanitario y nivel de vulnerabilidad en una muestra superior a 1.000 individuos, incluidos árboles notables. Toda esta información se aloja en un servidor que permite hacer seguimiento en tiempo real. A la fecha se han registrado 38.244 individuos en las comunas 10, 18 y 19.
Quite y ponga
Las buenas acciones dan sus frutos. De allí que no todas las talas ni las podas que se hacen en la ciudad sean un atentado ecológico, pues existen especies invasoras o introducidas que deben ser erradicadas, como la Leucaena, el Ficus y la Swinglia.
La meta es acabarlas paulatinamente, a medida que se reemplazan por especies nativas del bosque seco tropical como los guayacanes, acacias, ceibas, samanes y afines. A la fecha van erradicados 15.000 individuos. Todos estos trabajos se han venido adelantando de la mano de los ciudadanos interesados para mejorar las condiciones ambientales en la ciudad, incluyendo 15 bosques urbanos en un modelo muy novedoso de participación comunitaria.
Además se ha logrado conservar un patrimonio de la ciudad consistente en el cuidado de sus árboles notables, ceibas, gualanday, samanes y otras especies de alto valor ambiental, histórico o comunitario. Casi 600 árboles notables han sido diagnosticados y tratados adecuadamente para mejorar sus condiciones fitosanitarias y alargar su existencia.
El resultado es visible, ya que las reposiciones y evaluaciones han permitido que en la ciudad disminuyan los accidentes causados por caídas, desprendimientos, quiebres o volcamientos cada que se presentaba una tempestad, bajando la cifra de 50 incidentes a 6.
Al quirófano
Con la adquisición de tecnología como el escáner, la CVC y el Dagma le han apostado a la conservación y preservación de especies.
En un acto público las ingenieras ambientales de la CVC, Nathalia Rosero Cano y Fernanda López, mostraron cómo se viene diagnosticando el estado fitosanitario de los árboles de Cali a través de una tomografía y una endografía a un aceituno palo blanco y un guayacán rosado.
Según las ingenieras, el proceso se inicia con tres niveles de evaluacion: uno visual, otro de toma de datos y la aplicación del tomógrafo sónico, instalando 12 sensores que miden la velocidad, proceso que se repite de acuerdo al diagnóstico del individuo. Allí se analiza la composición de la madera para ver si su densidad es baja o no, se realiza terapia vegetal, se aplica fertilizante foliar e insecticida.
El temor era que estos individuos tuvieran un mal final, pues a pesar de verse reverdecidos, florecidos y radiantes, una cosa es lo que aparentan y otra la que al interior se vea. Al final de la demostración el diagnóstico no pudo ser mejor: el aceituno palo blanco y el guayacán rosado, estaban en perfectas condiciones.
Para el ingeniero agrícola Jairo Rosero, estos procesos son indispensables para conocer la realidad del arbolado caleño porque permite ver la estructura interna de los individuos, las cavidades, pudriciones y similares.
“Las malas prácticas silviculturales como las podas mal hechas, donde el árbol se deja expuesto a los hongos, no lo cicatrizan, les hacen malos cortes, anillamientos, quemas y otros oprobios, tienen que desaparecer”, dice Rosero, por lo que se necesita una buena estrategia de cultura ciudadana.
Al final, tanto funcionarios de la CVC como del Dagma cerraron la jornada demostrativa y de socialización del censo arbóreo 2023 con la siembra de un guayacán amarillo en la intersección de la autopista sur con carrera 56, con la esperanza de ver a futuro un tapete dorado sobre el suelo, producto de las flores que caerán a tierra para seguir polinizando el suelo caleño.
William López Arango.
Fotos: Guillermo Gutierrez Molina