La solidaridad no tiene límites ni fronteras en Cali: voluntarios extranjeros cambiaron sus planes de viaje para ayudar en el centro de acopio
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Personas con discapacidad física también se han sumado a las labores para aportar en la atención de la emergencia que dejó el terremoto del 10 de agosto.
Santiago de Cali, agosto 21 de 2026
En el centro de acopio de la unidad deportiva Alberto Galindo, entre la ardua labor diaria, se encuentran personas que llegaron desde diferentes lugares y encontraron en el servicio una manera de acompañar a quienes hoy atraviesan las consecuencias del terremoto del pasado 10 de agosto. En estos lugares aflora una vasta pluralidad que se amplía aún más con la presencia de voluntarios extranjeros y personas con discapacidad.
Una de estas voluntarias es Clara Francois, nacida en Bélgica, quien se encontraba de viaje por América Latina. Había llegado a Cali dos días antes del sismo, una ciudad que ya conocía y a la que regresó atraída por la salsa, el baile y, especialmente, por su gente. Después de vivir el terremoto, decidió cambiar sus planes y quedarse para ayudar.
“Me tocó aquí el terremoto y no podía irme sin ayudar. Por eso vine a este centro de acopio y hace una semana que vengo casi cada día para ayudar”, especificó.
Durante sus jornadas como voluntaria, Clara ha visto cómo ciudadanos de diferentes edades y condiciones se acercan para aportar. Una escena que resume buena parte de lo que ha encontrado en Cali y por qué ocupa un lugar especial en sus afectos.
“Aquí en Cali hay algo que vibra conmigo, con mi corazón. Me sorprendió mucho durante el terremoto que por todos lados había demasiados voluntarios. Había filas de personas que querían ayudar y mucha comida, muchas bebidas”, contó.
Para Clara, la respuesta de los caleños tiene un valor especial porque incluso quienes tienen poco encuentran la manera de compartirlo. Su profundo amor por la ciudad podría resumirse en la frase con la que terminó la entrevista: “Amo a Cali cuando está de fiesta, entonces es normal ayudarlo también cuando algo como esto pasa”.
La historia se repite con Eva Pavai-Morche, una profesora alemana que llevaba doce días en la ciudad cuando ocurrió el terremoto. Al conocer la magnitud de la emergencia, decidió cambiar sus planes y buscar una forma de contribuir.
“No puedo hacer nada que quisiera. No podría ir a bailar o hacer recorridos. Me gusta más ayudar de esta manera”, explica.
Desde su experiencia, Eva ha encontrado en los caleños una comunidad que, incluso en medio de la pérdida, mantiene la disposición de ayudar a otros: “Pienso que la gente de Cali, los caleños, son muy fuertes y ayudan y quieren ayudar a los otros que han perdido muchas cosas en el terremoto”.
También llegó desde Medellín Hailey, una profesora estadounidense de 34 años que visitó Cali por primera vez conmovida por las imágenes de la emergencia que encontró en redes sociales.
“Me encanta este país y quiero ayudar en cualquier cosa que puedo”, cuenta.
En el centro de acopio encontró una tarea concreta: revisar las fechas de los productos, contarlos, organizarlos y empacarlos para su posterior entrega. Una labor sencilla, pero necesaria para que las ayudas puedan llegar de manera organizada a quienes las necesitan.
“Estoy tan bendecida de ser parte de su comunidad. Las personas aquí son muy fuertes y pueden superar esto. Tienen una comunidad maravillosa”.
A la particular ayuda de los voluntarios extranjeros se le suma también la de las personas con discapacidad. Danilo Casallas es caleño y tiene una discapacidad física asociada a una displasia de cadera y una afectación en la rodilla. Aun así, decidió acercarse al centro de acopio para aportar desde sus posibilidades.
“Me motivó el sentido de pertenencia como caleño que soy. Las discapacidades, para mí, solo están en la mente. Entonces, es tener empatía por nuestros propios hermanos caleños”.
Para Danilo, su presencia en el centro también es una invitación a quienes todavía dudan en acercarse: “Que se animen, que hay que tener empatía. Hoy somos nosotros los que estamos dando un aporte. Mañana puede ser uno mismo; por esa tragedia uno no sabe cuándo nos toca”.
Las historias de Clara, Eva, Hailey y Danilo constituyen un ejemplo de voluntad, superación y solidaridad. Algunos dejaron de lado sus planes de viaje, otros recorrieron kilómetros para llegar hasta Cali y otros decidieron superar sus propias dificultades para ponerse al servicio de los demás.
En la unidad deportiva Alberto Galindo, esas diferencias desaparecen entre una caja que organizar, un alimento que clasificar o una ayuda que empacar. Lo que queda es la determinación de hacer algo por quienes hoy necesitan una mano. Y desde allí, los voluntarios extienden una invitación que no distingue nacionalidad, edad ni condición. Si hay algo que cada persona pueda aportar, este es el momento de hacerlo.
Oficina de Comunicaciones
Alcaldía de Santiago de Cali