Entre alabaos, arrullos y oraciones, el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez rindió homenaje a las víctimas del terremoto
- La Ciudadela Petronio acogió una misa inculturada en memoria de las víctimas y en solidaridad con las familias damnificadas por el terremoto.
- La celebración integró la espiritualidad católica con alabaos, arrullos, bundes, jugas y otras expresiones propias de las comunidades afro del Pacífico colombiano.
- El encuentro se convirtió en un espacio para compartir, acompañarse y fortalecer el espíritu y la esperanza en medio del dolor.
Santiago de Cali, 19 de agosto de 2026
La Ciudadela Petronio, que días atrás estaba preparada para recibir a artistas, sabedores, sabedoras y portadores de tradición en la celebración de los 30 años del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, se convirtió este martes en un espacio de memoria, espiritualidad y encuentro colectivo.
Entre alabaos, arrullos, danza y oración, la Alcaldía de Santiago de Cali, a través de la Secretaría de Cultura, realizó una misa inculturada en homenaje a quienes perdieron la vida durante el terremoto, y como un gesto de solidaridad y acompañamiento a las personas heridas, damnificadas y a las familias que hoy enfrentan sus consecuencias.
La celebración permitió que las tradiciones espirituales del Pacífico colombiano acompañaran la liturgia católica, reconociendo en la música, el canto y la palabra formas ancestrales de transitar el duelo, despedir a quienes parten, acompañar a sus familias y fortalecer a las comunidades en momentos de dolor.
La emergencia, que impactó especialmente al suroccidente colombiano, obligó a suspender la edición 30 del Festival Petronio Álvarez, cuya Ciudadela estaba próxima a abrir sus puertas. Ante las necesidades generadas por el terremoto, este espacio de la Unidad Deportiva Alberto Galindo cambió temporalmente su propósito y se convirtió en el principal centro de acopio del suroccidente colombiano para recibir, organizar y distribuir ayudas humanitarias hacia los territorios afectados.
“Esta Ciudadela estaba lista para recibir a cientos de artistas, sabedores, sabedoras y portadores de tradición, pero dos días antes de abrir sus puertas sucedió el terremoto. No pudimos hacer la celebración, no pudimos transitar el dolor y hoy nos reunimos en este espacio para honrar a las personas que no están y orar por los heridos y damnificados”, expresó Yamileth Cortés, subsecretaria de Artes, Creación y Promoción Cultural de la Secretaría de Cultura de Cali.
La funcionaria destacó que realizar una misa inculturada permitió acompañar este momento desde las formas propias de las comunidades del Pacífico: “Lo hacemos como se hace en el Pacífico colombiano, porque la música atraviesa todas las etapas de la vida”.
La eucaristía estuvo acompañada por expresiones musicales y espirituales que hacen parte de la memoria de los pueblos afro del Pacífico. El encuentro reunió a artistas, cantoras, sabedores, portadores y portadoras de tradición y ciudadanía alrededor de un mismo propósito, recordar a quienes partieron y acompañar a quienes continúan enfrentando las consecuencias de la emergencia.
El padre Hilario Cuero, director de la Pastoral Social del Vicariato Apostólico de Guapi, Cauca, quien presidió la eucaristía, invitó a las familias a encontrar en la espiritualidad una fuente de fortaleza y esperanza para afrontar este momento de dolor y adversidad.
“Necesitamos motivarnos y fortalecernos, también desde la ayuda psicosocial. Este es un momento para que los colombianos y las familias podamos unirnos, abrazarnos y hacer que despierte nuevamente entre nosotros la esperanza. Las cosas materiales se consiguen; lo importante es que sigamos adelante y fortalezcamos nuestra vida”, señaló.
En la misa, los alabaos, arrullos, bundes y jugas adquirieron un significado especial. Más que acompañar la celebración, los cantos se convirtieron en una manera de expresar el dolor, recordar a quienes ya no están y reafirmar la fuerza colectiva de las comunidades.
Para la maestra Elena Hinestroza, cantora del Pacífico colombiano, la posibilidad de cantar en este momento representó también una forma de sanar.
“Para nosotras, que llevamos nuestra cultura en alto y somos cantoras, tener la palabra desde el canto es muy importante. Cuando cantamos una juga, un bunde, un arrullo o un alabao estamos sanando el alma, estamos sacando el dolor. Por eso, en estos días se hace aún más importante cantar, porque lo hacemos desde el espíritu. Son muy necesarios espacios como este. Mil gracias a la Secretaría de Cultura”, expresó.
La misa inculturada permitió así que la Ciudadela Petronio volviera a encontrarse con las expresiones culturales y espirituales para las que había sido preparada, esta vez en medio de una realidad distinta. El canto que estaba destinado a celebrar tres décadas del Festival se convirtió en oración, memoria y acompañamiento.
Comunicaciones Secretaría de Cultura