Guardiana de la vida: la anestesióloga del HUV que protegió a su paciente durante el terremoto
| Junto a sus dos residentes, la médica se mantuvo al lado de un paciente que estaba completamente sedado.
Santiago de Cali, 19 de agosto de 2026
Mientras la tierra temblaba en Cali el pasado 10 de agosto y la oscuridad se apoderaba de los pasillos del Hospital Universitario del Valle (HUV), la anestesióloga Claudia Komaromy tomó la decisión de mantenerse en pie y aferrada al quirófano.
En medio del pánico y los gritos que escuchaban de fondo, la médica y dos de sus residentes resguardaron con sus propios cuerpos a una paciente que se encontraba en sedación profunda.
Solo al terminar la evacuación, Komaromy entendió lo que había ocurrido y el impacto del sismo. El peso de su vocación se antepuso para salvaguardar la vida de la paciente, incluso ante el peligro inminente.
Para Claudia, la escena que recorrió las redes sociales no es un acto de heroísmo extraordinario, sino el cumplimiento estricto del deber profesional.
A su memoria le llegaron las letras de esa literatura médica internacional que muchas veces leyó. Entonces recordó aquellos estándares aplicados en países de alta sismicidad como Chile y Japón, que bien rezan: ‘el rol de que quien administra la anestesia va más allá de la técnica; es el custodio de quien no puede defenderse’.
“Lo que se ha establecido es que si el paciente está anestesiado, sedado o indefenso, el anestesiólogo es el guardián de la vida; es quien tiene que protegerlo, aun cuando eso implique poner en peligro su propia vida para quedarse con él”, expresa la médica.
Cuestión de héroes
El fuerte movimiento telúrico impactó también en los cuerpos de la doctora Komaromy y sus residentes. Por momentos, tambaleaban y parecían caerse al suelo. Sin embargo, se mantuvieron en pie para salvaguardar una vida.
“Protegimos a una paciente que estaba en una sedación profunda y que tenía una limitación de movilidad por un tumor cerebral. Nos quedamos allí, no solo yo: se quedaron conmigo dos residentes que están aprendiendo neuro-anestesia. El docente tiene que dar el ejemplo, así que estuvimos con la paciente mientras pasó todo el movimiento y luego pudimos evacuarla”, relató.
El temor fue inevitable, especialmente cuando los sistemas eléctricos fallaron en medio del sismo. En ese instante de incertidumbre, Komaromy recurrió a una memoria de la infancia en su natal Tumaco, donde vivió un evento similar junto a su madre.
“Sentimos el mismo pánico que todo el mundo, con la misma la sensación inminente de que podíamos morir, sobre todo en el momento en que se fue la energía. En lo particular, había tenido una experiencia previa. Nací en Tumaco y hubo terremoto –maremoto hace bastantes años-. Era una chica pequeña y me quedé con mi madre atrapada en la habitación. Y no podían sacarnos, así que tuve que estar todo el terremoto con ella mientras pasaba y sentí que ella me abrazaba y me decía: ‘quédate quieta, ya todo va a pasar’. Y eso recordé en ese momento. Aprendí de mi madre que el pánico no sirve de nada y que hay que proteger a otros y eso fue lo que hicimos”, rememoró.
Hoy, ella y sus residentes son vistos como héroes. Y muchos en su entorno se cuestionan si hubiesen sido capaces de hacer lo mismo y los ovacionan. Una ovación que la médica agradece con el corazón y la humildad que le brilla al hablar, pero que, repite, “es solo una acción que me exige el profesionalismo y que siempre debe caracterizarnos”.
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