Un puño en alto llama al silencio que revela la vida y renueva la esperanza
- “¡Hay vida!”, es el grito que, en más de una ocasión, ha renovado la esperanza de quienes trabajan sin descanso en el lugar.
Santiago de Cali, 12 de agosto de 2026
Decenas de voluntarios anónimos, sin distinción de barrio, credo o color político, se han volcado hacia los 57 edificios colapsados en Cali para aportar su trabajo, su tiempo y hasta su propia alimentación, en las labores de búsqueda y rescate de las víctimas.
“Cali somos todos”, ha insistido el alcalde Alejandro Eder, al referirse a la respuesta de la ciudadanía frente a la tragedia. Este mensaje resume el espíritu que hoy se respira en cada punto de rescate: el de una ciudad que, ante la emergencia, ha dejado de lado sus diferencias para volcarse al propósito de salvar vidas.
El silencio que salva vidas
En medio de la labor, los voluntarios han adoptado un protocolo comunitario de silencio: cuando alguien levanta el puño cerrado en alto, toda la actividad se detiene. Máquinas apagadas, nadie camina y el silencio se toma el lugar por completo.
La señal, según explicaron, la dan los rescatistas ubicados sobre los escombros cuando perciben algún sonido o indicio de vida bajo la estructura colapsada.
En un edificio ubicado en la carrera 39 con calle 5D, uno de los más afectados por el sismo, Miguel Martínez, conocido como ‘Mayki’ y habitante del centro de Cali, junto con Juan Camilo Valencia, oriundo de la Comuna 20 (Siloé), llevan cerca de 24 horas continuas como voluntarios, sin abandonar el lugar. Ambos hacen parte de un grupo de caleños que decidió coordinar la respuesta comunitaria y asumir la vocería de quienes trabajan entre los escombros.
“Llegamos para salvaguardar la vida de las personas. Estamos desde las 10 de la mañana del lunes y no nos vamos a mover hasta que estemos totalmente seguros de que no queda ninguna víctima, ni ningún animalito, dentro de los escombros”, relató ‘Mayki’, quien junto a su compañero ha ayudado a organizar los turnos de trabajo en el punto.
Juan Camilo, por su parte, resaltó el origen humilde y solidario del grupo de rescatistas voluntarios. “Somos de aquí de Cali. Yo vivo en Siloé. Vinimos solamente por ayudar; en este momento no valen los partidos políticos ni los colores de las camisetas. Lo importante es Cali”, comentó.
Ambos coincidieron en que este es uno de los sectores de la ciudad que más apoyo requiere en este momento, razón por la cual decidieron permanecer allí, con disposición de quedarse el tiempo que sea necesario, incluso dos o tres días más.
Durante la jornada del lunes, los equipos de rescate y voluntarios lograron sacar de los escombros a dos personas, una de ellas sin vida y otra herida, quien fue trasladada de inmediato a un centro médico de la ciudad.
Adicionalmente, fueron rescatados tres animales, entre ellos un perro que no sobrevivió, en un operativo que ha involucrado por igual la vida de las personas y la de sus mascotas.
Los voluntarios destacaron que la labor ha sido solitaria. “Hemos tenido apoyo de la grúa grande toda la noche, de volquetas, de voluntarios que nos han traído alimentos, agua y herramientas, y se han sumado los entes gubernamentales”, señaló ‘Mayki’, quien reconoció que, si bien este punto requiere atención prioritaria, existen otras zonas de Cali que también necesitan apoyo.
A pocas cuadras de allí, Laura Camila Cáceres, residente de la Unidad Residencial Torres de Doña Lupe II, narra su experiencia. Su torre, a diferencia de las demás, permaneció en pie, aunque la situación al interior de la unidad sigue siendo compleja. “El lunes, alrededor de las 7 de la mañana, comenzó a temblar durísimo y duró mucho tiempo. Se estallaron los tanques de agua de la unidad, el techo se vino abajo y me tocó salir corriendo con mi niña mientras todo nos caía encima”, relató Laura, cuya hija de seis años resultó con una herida en la cabeza.
Ella logró trasladar a su hija y a su madre hasta Buga y regresó a Cali con la intención de rescatar sus pertenencias, aunque el propietario del inmueble, que arrendaba desde hace casi un año, ya le confirmó que el apartamento es inhabitable. “Uno nunca se imagina esto. Uno piensa que le va a pasar a otras personas, pero realmente le puede pasar a cualquiera y es una situación que nos reduce”, reflexionó.
Pese a la pérdida material, Laura no dudó en sumarse a la causa colectiva: hoy acompaña a los voluntarios y contratistas que trabajan en la zona, apoyándolos con líquidos y bebidas energizantes para sostener la jornada de rescate.
Una ciudad que se levanta unida
La Alcaldía de Cali reconoce y agradece la entrega de cada voluntario, rescatista y ciudadano que, de manera desinteresada, ha puesto su tiempo, su trabajo y sus recursos al servicio de quienes más lo necesitan en estas horas difíciles.
Jorge Gutiérrez Leyva
Videógrafo: Jairo Fernando ‘Ito’ Parra
Fotos: Guillermo Gutiérrez
CM: Laura González
Comunicaciones Alcaldía de Cali