Tejer vidas: una labor desde Samaritanos de la Calle
- Los jueves en la tarde, en Básica Sucre, existe una oportunidad para crear manualidades y fortalecer el tejido social.
- Las actividades y productos que se fabrican, varían en cada jornada.
- El dispositivo recibe a todas las mujeres que deseen participar.
Santiago de Cali, 7 de octubre de 2025
La historia de Adriana Barberena es, además de conmovedora, inspiradora y motivante. Gracias a todo lo que atravesó durante los ocho años que estuvo en proceso de desintoxicación, resocialización y reintegración en Básica Sucre de Samaritanos de la Calle, Adriana decidió que debía aportar de forma directa a la recuperación de aquellas mujeres que asisten al dispositivo.
Para hacerlo, se formó como educadora terapéutica y abrió un espacio para las mujeres en Básica Sucre, porque su experiencia le ha llevado a saber que “hay pocas mujeres que buscan recuperación. Entonces, como yo lo he logrado, trato de hacer una cadena, de cogernos las unas a las otras de la mano y salir adelante. Esa es mi razón de ser, ese el motivo por el cual yo me levanto todos los días a seguir luchando y ser la luz para las que vienen al lado mío”.
Frente al taller, Adriana considera que “para ellas es distracción, es algo diferente a lo cotidiano que viven. Entonces, es como sembrar un poco de esperanza y de luz en el camino”. Y lo hace porque es consciente de las consecuencias que ocasiona el consumo. Ella, quien tuvo el infortunio de estar más de veinte años consumiendo sustancias sicoactivas y padeció en su cuerpo y comportamiento los efectos de hacerlo, pensó en cómo podía, aprovechando este mismo lugar que a ella le fue de gran ayuda, apoyar en la transformación de estas mujeres que, por culpa de la droga, han perdido parte de su motricidad fina, como le ocurrió a ella en su momento de consumo.
Por eso, Adriana decidió aportar al proceso de recuperación de las mujeres, creando el taller ‘Tejedoras de vida’, que abre sus puertas los jueves a las 2:00 p.m., para que todas aquellas “compañeras”, como las llama, puedan participar de una actividad enfocada en ellas y en la creación. Sin juicios, sin prejuicios, solo con la intención de hacer productiva una parte de su día y de “compartir lo que la vida me ha dado a mí, porque llevo seis años limpia y sobria”.
Este espacio, patrocinado por el dispositivo Básica y enfocado en la política de reconciliación de la Alcaldía de Alejandro Eder, tiene como fin ofrecer la oportunidad a las mujeres de realizar manualidades que, no solo les permitan recuperar su motricidad fina, también son una puerta para que puedan, poco a poco, comenzar una actividad productiva. Adriana ha escuchado cómo algunas de sus alumnas ofrecen en espacios del MIO, por ejemplo, las figuras que fabrican, teniendo así la oportunidad de obtener un ingreso.
Algunas de las beneficiarias del espacio
Estefanía es una de las mujeres que asiste de forma asidua al taller. A ella le gustan “las actividades y el arte” aunque también confiesa que viene “por la ducha”, servicio de difícil acceso fuera de Básica Sucre. Es consciente de que muchos “vienen por el alimento”, pero ella también asiste en búsqueda de una actividad que represente algún tipo de cambio o mejora para su vida. “Así como uno le da tiempo a estar en la calle, unos no más entran y comen y ‘zum’ para la calle. Son pocos los que hacen talleres, porque de por sí, todos piensan en su vicio, en la droga”, concluye Estefanía.
María Patricia Rodríguez es otra asistente al espacio. Ella, alegre y dispuesta, asiste al dispositivo para “colaborarles, ayudar a lavar los platos, a organizar las mesas. Me gusta mucho la actividad y me gusta mucho colaborar”. Se dedica a vender tintos y crispetas durante el día, pero, como estas actividades le “fascinan”, aprovecha para pasar y disfrutarlas.
“Estas actividades me fascinan. Me gusta la forma como lo tratan a uno, las muchachas son muy amables y quiero seguir viniendo mientras se pueda. Invitaría a otras personas para que hicieran también lo mismo. Porque me fascina tenerme bien ocupada a toda hora. Me gustó demasiado, demasiado. Tanto así que me voy a hacer otra”.
Adriana, recuperada de la drogadicción y queriendo dejar su huella en otras mujeres, busca ayudarlas a ser funcionales, brindándoles la oportunidad que ella sabe que requieren para fortalecer su proceso a partir de un espacio que les permite construir, elaborar y hasta diseñar su propia vida.
“Para mí, el hecho de que vengan y se sienten conmigo y compartan una sonrisa, a veces un abrazo, para mí eso es un caso exitoso porque ese abrazo siembra el amor. Hasta donde yo pueda dar, yo voy a estar aquí siempre, haciendo el esfuerzo para que ellas vengan, atraerlas, porque no es de obligarlas, sino de atracción. Venir y sentarse conmigo, a veces conversamos, hacemos manualidades, pero, sobre todo, nos sentimos humanas y nos valoramos las unas a las otras”.
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Adriana Bermúdez
Camarógrafo: Ito Parra
Fotógrafo: Oswaldo Páez
Oficina de Comunicaciones