Huertas comunitarias: una oportunidad de la Alcaldía de Cali para sembrar esperanza
- Las huertas comunitarias son espacios creados alrededor o tras los comedores comunitarios, que buscan brindar a los participantes un conocimiento frente a labores ancestrales algo olvidadas que, como sociedad, nos hace bien recuperar.
Santiago de Cali, 15 de abril de 2025
Sembrar es una actividad que se ha desarrollado por generaciones. Infortunadamente, la modernidad y la reducción de los espacios en los hogares la han llevado a perder vigencia. Pero la Alcaldía y la Arquidiócesis de Cali están interesadas en preservarla. Por eso, promueven su reactivación a través de las huertas comunitarias.
Estos espacios creados, diseñados y desarrollados por gestores, líderes de la comunidad, tienen como pilar fundamental, el servicio. Así lo manifiesta Dora Gil, la gestora y líder de la huerta que, desde hace 5 años, hace parte del comedor comunitario llamado el Pan de Dios, en la comuna 21. Ella realiza esta labor sin egoísmo, por ello, cualquier persona, participe o no de las actividades de la huerta, puede beneficiarse de lo que allí se cultiva. “Todo lo que sale acá se comparte, nada se vende, todo es regalado”, comenta Dora.
Y son la misma Alcaldía, la Arquidiócesis, el Dagma y hasta Veolia, quienes les ofrecen capacitaciones y asesorías para el manejo y funcionamiento de la huerta. Pero Dora no se queda con eso, “como ahora existe Google, ahí busco cuando tengo inquietudes”. Porque ella tiene claro cuál es el siguiente paso: “necesitamos organizar este encerramiento para ampliarlo un poquito. Acá no tenemos problema de usar este espacio, porque la gente sabe que es para bienestar de comunidad”.
La Arquidiócesis, la Alcaldía y el Dagma le donan semillas, libros, tierra, cascarilla de arroz y herramientas de trabajo (booguie o carretilla, barra, pica, pala, barretón), para poder desarrollar la huerta. En Cali, de acuerdo con la Secretaría de Bienestar, 125 comedores comunitarios cuentan con huertas comunitarias.
Dora incentiva a los adultos mayores de la zona para que pasen y tomen de lo que está en cosecha, lo que necesitan. Muchos adultos mayores acostumbran llevar espinaca para el desayuno y, cuando se enferman, entre ellos mismos se organizan para hacerles llegar lo que desean.
Aunque la colaboración hacia la huerta llega de todos lados, algunos vecinos hasta le llevan pepas de mango para que ella las siembre, mientras las labores manuales son apoyadas por las personas de los grupos que dirige, en los días que destina para esta labor.
Sembrando algo más que semillas
Amalia Loaiza es una de las mujeres que hace parte del grupo que colabora en la huerta. Para ella, lo más importante de esta labor es “aprender de plantas medicinales que nos sirven para muchas cosas” y tener el beneplácito de dar “esa enseñanza a otras personas” pero, sobre todo, aprender a “sacar tiempo para uno, no solo enfocarse en las cosas de la casa”, que puede ser una dualidad compleja para muchas mujeres. Para ella, los grandes beneficios de pertenecer a este grupo de la huerta son la salud, el compañerismo, la ocupación, porque considera que es una actividad para beneficio propio.
A Estrella Patiño le gusta participar porque considera que “de paso, me beneficio con lo que ella tiene acá: con la espinaca, con el cilantro y otras hierbas medicinales que ella maneja aquí”. Quiso participar por los “buenos comentarios y por los beneficios que tiene venir y encontrar cosas para nosotros mismos. Es muy importante la huerta porque nos beneficiamos nosotros mismos y podemos empezar a sembrar en nuestra casa cosas pequeñas como el tomate, como la espinaca y nos vamos especializando en esas cosas y ya después nos va a quedar mucho más fácil armar un terrenito y sembrar ahí”.
Para Dora, la gente debe concientizarse de hacer huertas en su casa, porque vienen tiempos difíciles, tiempos de sequía. Incluso, en oportunidades hay situaciones que se presentan en la noche con los niños y, en vez de salir a buscar un medicamento, las huertas proveen plantas para bajar la fiebre o quitar el dolor, “lo ancestral. Cuando nosotros teníamos a nuestras abuelas, todo era plantas. Ahora que hay ese poco de pepas que, si lo alivian de una cosa, lo enferman de otra, entonces, mejor las yerbas”.
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Adriana Bermúdez Arango
Oficina de Comunicaciones
Alcaldía de Santiago de Cali
Fotos: Guillermo Gutiérrez