Amantes sin tiempo. Manuelita vuelve a Bolívar
Es una historia de amor y de amantes que no ha parado a pesar del transcurso de los años y buscan reunirse para siempre jamás luego de 200 años de historia.
Los restos simbólicos de Manuelita Sáenz han viajado por esta América del Sur, que aún no termina su proceso de autonomía, para reunirse con su amado Simón, el de las grandiosas batallas y el de los amoríos sin olvido.
Por Cali, los restos de Manuelita estarán el próximo 3 de julio en los actos de conmemoración de la Independencia, pues el viernes 2 de julio según el cronograma del viaje, el cofre será recibido por el Alcalde Jorge Iván Ospina en el puente Guillermo Valencia de Popayán.
Los restos de la amada después de haber pasado por Perú, Ecuador y Colombia siguiendo la ruta de la llamada “Campaña Admirable” realizada por Simón Bolívar en 1813, llegarán a Venezuela para reunirse finalmente con su amado libertador. De esos amoríos quedó para ella el nombre de la “libertadora del libertador”.
ELLA, LA AMADA
Según la historia, Bolívar se enamoró desde que la vio en un balcón a su entrada a Quito en 1822. Así narra ese primer encuentro en su diario Manuelita: “Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tome la corona de rosas y ramitas de laureles y la arrojé para que cayera al frente del caballo de S.E.; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caída, a la casaca, justo en el pecho de S. E. Me ruboricé de la vergüenza, pues el Libertador alzó su mirada y me descubrió aún con los brazos estirados en tal acto; pero S. E. se sonrió y me hizo un saludo con el sombrero pavonado que traía a la mano”: Manuela Sáenz.
Desde esa época Bolívar se refugia en sus brazos y dicen los historiadores que ella, “participó en casi todas sus campañas, dándole apoyo y prestándole ayuda. Fue su compañera y salvadora. Encontrándose ambos en Perú, Manuelita interviene en un intento de asesinato a Bolívar: Ocurrió en el palacio San Carlos, ella notó a los rebeldes y los obstaculizó, ganándole tiempo al libertador de escapar por una ventana. Por esta acción Bolívar la nombró “Libertadora del Libertador”.
Pero como siempre los ramplones que no entienden los amores que son hoguera, a la muerte de Bolívar la expulsan de Colombia. Esto es lo que dicen los libros al respecto: “Después que el libertador muriera en 1830 enfermo de tuberculosis (Manuela después del fallecimiento de su amante intentó ser la segunda Cleopatra: se hizo morder por una serpiente para suicidarse pero no lo consiguió) las autoridades de Bogotá la expulsan de Colombia. Se exilia en Jamaica. Al volver a su patria el pasaporte le es revocado por el presidente Vicente Rocafuerte y se queda despatriada, por esto se traslada a Paita (Perú)”. En Perú sobrevivió trabajando los oficios que había aprendido en su adolescencia en el monasterio. Se dedicó a la venta del tabaco, a la traducción y escritura de cartas de negocios”.
“Manuelita Sáenz murió de difteria en 1856 y su cuerpo fue sepultado en una fosa común del cementerio local y todas sus posesiones fueron incineradas”.
Y contrariando todos esos designios, ella regresará al lugar que le señala el amor y la historia de los amantes: Al lado de Bolívar, ese dador de libertades que merece tener con él a su amada Manuelita, para que la eternidad de la historia no le sea tan solitaria.
/ Manuel Tiberio Bermúdez / manuel.bermudez@cali.gov.co