ALCALDE DE CALI CONDECORARÁ UNA MANSIÓN
Guillermo es Contador Público y ha ocupado cargos como Secretario de la Shell Petrolium Company en Colombia; Gerente de crédito de Sears en Venezuela; Jefe de Cobranzas de Reyes & Uriza S.A. en Cali; Auditor Interno de Leonidas Lara e Hijos; Auditor Interno de Good Year Colombia; Agente Comercial de Pan American Life; Administrador Financiero, Contador y Jefe de Servicios Administrativos del Hospital Universitario del Valle, entre otros.
Daniel es electricista y trabajó en los Ferrocarriles Nacionales; Omaira se ordenó como religiosa e Itsmenia se dedicó toda su vida a los quehaceres del hogar. Y aunque no son familiares, tienen algo en común: “Serán visitados este sábado 17 de enero por el Alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina Gómez, quien aparte de saludarlos les llevará un pergamino en nota de estilo para exaltar y condecorar su residencia que celebra 50 años de fundada.
Claro que también tienen en común que los cuatro son mayores de 80 años; están enfermos; son abandonados o no tienen familia ni recursos económicos y viven con todas las comodidades que les brinda esa “Mansión” –como ellos mismos la bautizaron- llamada El Cottolengo del Padre Ocampo.
Itsmenia llegó allí hace 35 años. Nació en Cali hace 82 en el barrio San Luis, pero siendo empleada doméstica por una fuerza mal hecha se le reventó una vena y su patrona la llevó hasta el Cottolengo, donde la dejó para que las monjas y el Padre Ocampo se hicieran cargo de ella porque sus dos hijos estaban muy pequeños para cuidarla.
Desde aquel 10 de febrero de 1974, a la fecha, sólo ha recibido una visita: la de un hijo que hace un mes (el pasado 15 de diciembre) apareció de la noche a la mañana para contarle que vivía en Cali, que estaba casado y que ella era abuela de tres nietos. No le dejó nada. Ni le dio esperanzas de nada.
Su otro hijo vive en Nueva York, es escultor y tiene dos hijos. De vez en cuando la llama telefónicamente, pero hace tres años no oye sonar el teléfono. A su ex patrona se la tragó la tierra. Sin embargo Istmenia vive feliz, canta boleros con voz de soprano y es show obligado en todas las celebraciones que tiene el albergue. Dice que espera salir de su Mansión para el barrio de Los Acostados, como llama al Cementerio de Siloé.
Hace 11 años llegó Daniel. Entró en recuperación y en delicado estado de salud, pues fue remitido desde el Hospital San Juan de Dios donde lo internaron porque tenía un pica hielo enterrado en un pulmón, producto de un atraco del que fue víctima en la calle 15 con carrera 10 por robarle la herramienta de trabajo.
Tenía su casa en el barrio san Nicolás. Su madre ya estaba muy anciana y a los 20 días de ser atracado, falleció. Su hermana –única familiar que le quedaba- tenía problemas de salud, por lo que el Cottolengo le dio la mano a sabiendas de que él era viudo desde 1952 y que las dos pequeñas hijas producto de su matrimonio lograron la custodia de una tía que se las llevó para el exterior y no sabe de ellas desde el año 1955.
A Guillermo y a Omaira los abandonó su familia y hasta su suerte. Unos se fueron por ingratitud y otros porque mi Dios se acordó de ellos. A cambio, en el Cottolengo han encontrado amigos con los que han trajinado tanto, que ya parecen hermanitos.
Y es que ellos no son los únicos cuatro que viven en esa Mansión de 46.000 metros cuadrados dividida en dos módulos con 10 pabellones. Comparten penas, alegrías y achaques con otros 346 necesitados a quienes une la adversidad y un lenguaje común: hipertensión arterial, triglicéridos, colesterol, artritis, gastritis, problemas estomacales, pastillas, sondas, ungüentos, gasas, ay, ay, ay…
¿Y CÓMO SOBREVIVEN?
En el Cottolengo la más joven es la institución, que este 17 de enero cumplirá 50 años. La gerontóloga Margarita Arango Mejía, Directora de esta “Aldea”, mes a mes se rebusca los 150 millones de pesos que requiere la institución para funcionar.
Durante medio siglo se ha sostenido con el aporte de la empresa privada, que colabora con el 68% de los gastos; con la venta de artesanías, rifas, bingos y otros eventos, cubren un 27% y el restante 5% lo obtiene de algún contrato que le pueda adjudicar la Gobernación del Valle para programas con adultos mayores. En el 2008 les dieron uno, por $50 millones anuales.
Con la ropa que les regalan y que no se colocan los abuelos por no ser moda para ellos, organizan mercado de pulgas. Y aunque hasta hace pocos años se moría un abuelito casi a diario, hoy en promedio mueren tres o cuatro al mes gracias al mejoramiento de la calidad de vida y oportuna atención médica que se les brinda.
Los entierros son costosos y por ello han solicitado a las personas de buen corazón que les obsequien los cajones que han comprado para cremar a sus deudos, pues el ataúd no entra al horno y por tanto queda intacto para un nuevo usuario.
El llamado tuvo buena acogida, por lo que ante la cantidad de cajones que se acumulaban hubo que establecerse un convenio con una funeraria local, donde cada abuelo que fallece recibe todas las honras fúnebres y velación gratuita, a cambio de dos ataúdes.
“Sobrevivir, para ellos no ha sido fácil. El Cottolengo es quizá el albergue que mejores condiciones ofrece a los ancianos desvalidos en Colombia, por lo que es necesario que el sector público le ayude permanentemente y no dejarle la mayor carga al sector privado, pues ellos suplen con limosnas de la gente noble una obligación que es del Estado” enfatizó el médico Andrés Felipe Vargas.
Hoy, a sus 50 años, esta Aldea para desamparados que lleva el nombre de San Benito Cottolengo en honor a un italiano que favoreció a los necesitados en Turín, ha recibido 10 reconocimientos por su labor y desde su fundación un 17 de enero de 1959 por el Padre Alonso Ocampo para atender niños de la calle en una modesta casa del barrio El Piloto en Cali, ha sido un hogar donde la bondad y la caridad han ido de la mano.
Y como bien dice la tarjeta de invitación a la celebración de sus bodas de oro: “Si su deseo es enviarnos flores, que son una hermosa manifestación de alegría, en esta ocasión le agradecemos que, a cambio, ese valor sea depositado en nuestra Cuenta de Ahorros 017500015320 Davivienda”.