Grata impresión dejó el Festival Salsa y Verano entre sus invitados
Su exposición sobre el panorama actual de la música cubana convocó a buen número de cultores de la salsa, interesados en conocer los planteamientos de este autorizado vocero de la música popular, que privilegia la vigencia de la salsa en Cali, como epicentro indiscutible
de este ritmo que llegó a la ciudad hace más de 40 años y que se convirtió en algo inherente
a la caleñidad en virtud a la agilidad, velocidad y sincronización de movimientos, de los intérpretes de esta modalidad musical.
La universidad de la vida:
La presencia en Cali de una institución cultural como la “Familia Valera Miranda”, colmó las aspiraciones de los tradicionalistas de la música popular, particularmente de los seguidores irreductibles de los ritmos cubanos. Esta dinastía de hombres y mujeres que asumió la responsabilidad de prolongar en el tiempo los aires predilectos de los guajiros, como se denomina en Cuba a los humildes de la montaña, tuvo en el Festival de Salsa y Verano que organiza y opera Corfecali, a su máximo líder, Félix Valera Miranda, un veterano de 70 años, poseedor de una gran cultura musical adquirida en universidades de Cuba y Alemania, pero quien considera que su mayor experiencia, la alcanzó en el arduo trasegar por la Universidad de la Vida a la que se ha dedicado de cuerpo y alma.
Sus músicos, generalmente hijos y sobrinos, le acompañaron en Cali a cumplir la visita prometida y en un taller, que se prolongó por varias horas, cautivó a los inquietos y curiosos que no se perdieron ningún momento para escuchar y preguntar desde la clave, el bongó y la guitarra, complementos de los cantos como el bolero, el montuno, el son, el guajiro y la guaracha, de autores como Matamoros, Ñico Saquito, Garay y el inconfundible, Compay Segundo.
Sin embargo, la verdadera apoteosis se registró en sus presentaciones en público, primero en el Teatro, “Jorge Isaacs” y luego en el Parque de la Música, donde se congregaron los eruditos de la salsa en el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas. Fue tal el entusiasmo, que el maestro Félix, hizo caso omiso de su lumbagia, para abandonar la silla e incorporarse guitarra en mano y acompañar a Pedro Antonio Rodón, la voz prima del conjunto. Todavía retumban en el ambiente aires como: Castellano, qué bueno que baila usted, Chan Chan, El que Siembra su maíz y No me Llamen Mentiroso.
Cali, un encanto
Para el maestro, Félix Valera Miranda, “Cali es un encanto, porque aquí nos han hecho sentir muy halagados”. El grupo recorrió varios lugares y siempre encontró ese calor humano propio de una ciudad que abre sus puertas y su corazón a quienes nos visitan y con mayor particularidad para quienes como la “Familia Valera Miranda”, nos dejan el grato recuerdo de su música y sus formidables interpretaciones.
El menor de la dinastía, Ernesto Valera Alarcón, nos refirió que de niño alternaba el tetero con el bongó, para significar que como sus hermanos, empezó desde muy pequeño, razón por la cual la música la llevan muy adentro. Y no era para menos, puesto que “Mamá Carmen Rosa”, institutora por más de 30 años, integra el coro del conjunto y responde por las maracas. De tal manera que aprendíamos o aprendíamos” No quedaba otra alternativa, apuntó Ernesto Valera Alarcón.
Adriana, salsera de verdad
Otra de las grandes personalidades invitadas por Corfecali al Festival de Salsa y Verano, fue Adriana Orejuela, una mujer interesante, abogada y escritora, quien planteó en su última obra la tesis que, El Son no se fue de Cuba. Y a fe que tiene sus argumentos.
Nació en Bogotá, pero desde muy niña llegó a Cali, donde asimiló las tendencias musicales de la época. Cuenta que cuando estudiante, bajaba desde el barrio San Antonio, donde vivía con su familia, para departir con sus compañeras de clase, .en “La Taberna Latina”, “Convergencia”, “La Habana” y “Cabo Rojeño ”, en pleno furor de la salsa.
Dice que siempre gustó de la música cubana y como estaba en su apogeo el fenómeno de la revolución, encontró afinidades y tomó partido, por lo que una vez obtenido su título, quiso conocer muy de cerca el proceso cubano y se fue a vivir en la Isla Caribeña, impregnándose de todo el movimiento social y cultural.
“Fui rumbera desde muy joven y por tanto el ritmo de la salsa, nunca me tomó por sorpresa. Lo disfruto y me siento muy bien en esta ciudad que la quiero como mi propia cuna”. Adriana Orejuela, ahora residente en Venezuela, es una exponente fiel de la salsa caleña, de un sentimiento cultural muy nuestro y de una vez, una gran promotora de Cali como sede de un movimiento musical de gran trascendencia, que muestra al mundo la imagen de una ciudad que vive la salsa con mucha intensidad y que concita sentimientos y pasiones en torno a una música que aceptamos como nuestra y que ya nos identifica en cualquier lugar del planeta.
/Guillermo García J. Comunicaciones – Corfecali
Foto: Archivo Alcaldía