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Toda cabalgata pasada, fue peor

Toda cabalgata pasada, fue peor

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En medio de retorcijones, sudando a chorros, con los ojos vidriosos y su mirada perdida en el horizonte, “La chusca” temblorosa y sin alientos, cayó de bruces sobre el pavimento, mientras su abultado vientre hacía remolinos producto de la cría que venía cargando hacía 10 meses y la cual estaba a punto de perder, pues estaba abortando en plena cabalgata.

Los médicos veterinarios Ulises Gómez, Carlos Alberto Herrera, John Jairo Ospina, Frey Cataño y Edinson Sánchez, corrieron en bloque a auxiliar a la yegua que estaba a punto de perder la vida producto de la irresponsabilidad de su dueño, que la ensilló en avanzado estado de gestación y del excesivo recorrido de la cabalgata de aquel entonces, cuando corría el año 1998 y el trazado recorría la ciudad de norte a sur.

Después de 3 horas y 42 minutos de agonía, a las 11:55 de la noche, “La Chusca” y su cría dejaron de pertenecer a este mundo. No valieron las 16 bolsas de suero y dextrosa que le aplicaron, ni los 50 milímetros de Finadyne, mucho menos el frasco de Guayacolato, ni los masajes aplicados para tratar de salvar la potranca, a la que nunca pudieron bautizar como “Sinfonía”.

El equipo médico hizo lo que pudo, pero no le quedó más remedio que llenar una planilla con el acta de defunción. Era la número 12. Otros 11 equinos ya habían sido izados de patas y manos por la grúa de la Secretaría de Tránsito para llevarlos a las instalaciones del zoológico de Cali, donde eran descuartizados para que sirvieran de alimento a tigres y leones.

Las causas de las muertes no pudieron ser otras: 2 yeguas por aborto; 4 caballos por fatiga y deshidratación (shock hipovolémico); 5 por fracturas y 1 por desnucamiento. Ese día se atendieron 177 ejemplares debido a coces entre ellos, heridas con armas cortopunzantes, caídas en el asfalto y mal manejo al momento de desembarcar de los camiones, según los reportes de la Asociación Defensora de los Animales del Valle (Adavalle) y la Fundación Fauna.

Pero esa no fue la única cabalgata donde hubo hechos que lamentar. En aquellas épocas (1992 – 2002) la cabalgata de apertura de Feria partía de Las Vallas y terminaba en la Plaza de Toros; o salía de la Plaza de Toros y concluía en la Academia de Equitación La Z, iniciando a las 10:00 de la mañana para terminar a las 10:00 de la noche.

No son pocos los personajes caleños que tuvieron que vivir la angustia de las cabalgatas de otrora. Hasta la misma directora de Corfecali en aquel entonces, Andrea Hurtado Novella, casi se muere de pánico cuando frente a sus ojos un caballista desenfundó su arma y le propinó dos tiros en la cabeza al caballo porque no se paraba del piso a causa de una fractura que sufrió en su pata izquierda. “Caballo que se fractura, hay que eliminarlo para que no sufra”, fue lo único que atinó a decir el verdugo.

Historias de este tipo hay muchas. Afortunadamente, son cosas del pasado gracias a que los alcaldes de las últimas administraciones (2002 a la fecha) fueron conscientes de que la cabalgata, más que una fiesta, era una barbarie que atravesaba la ciudad de polo a polo para darle gusto a los comerciantes y las empresas que se lucraban con el trazado, donde se exhibían las estrambóticas figuras siliconadas de las chicas de los nuevos ricos, donde los patrones cabalgaban mientras sus escoltas trotaban al lado del caballo llevando el whisky, el hielo y los cigarrillos para cuando el Señor se antojara. No importaba el caballo. “Ellos” y sus nenas, eran el centro de atención.

No en vano la Administración del médico Jorge Iván Ospina se dio a la tarea de “humanizar” la cabalgata para proteger a los equinos y hacer que la familia y los ciudadanos de bien volvieran a participar de este evento. El limitar el recorrido a cinco kilómetros, cuando se hacían de 32; el cerrar la participación a 3.000 ejemplares previamente seleccionados, cuando era participación abierta; el ejercer controles de pólvora, agua, harina y espuma, cuando se creía que sin ellas no había fiesta y el hacer la apertura de Feria con una hermosa exhibición de salsa, cuando era con burrotecas, rancheras y voladores, les devolvió a los caleños la ilusión de tener una feria sana, incluyente y participativa, donde el caballo fue protagonista y la familia el centro de la diversión.

Fue gratificante ver en las graderías de esta versión número 53 a las abuelas con sus nietos, a papá y mamá con sus hijos, a las parejas compartiendo y atendiendo a los familiares y amigos que llegaron de otras ciudades. No se vieron desmanes. La rumba se vivió en paz y las cosas se dieron como tenían que darse: Cero caballos muertos durante la cabalgata. Cero caballos heridos en el desembarque. Cero caballos perdidos o abandonados por sus jinetes. Un solo caballo decomisado porque sobre él cabalgaban dos adultos y por ello debió ser conducido a la inspección de Policía en Siloé, fue el reporte final que dio el Director del evento, Marco Antonio Cardona.

Una cabalgata en la que todos ganaron. Elías Pabón, cuidando carros se echó al bolsillo 107 mil pesos; el grupo de Diablos del barrio El Cortijo, a las 7:15 de la noche había recogido 131 mil 550 pesos; Evelio “El zarco” Libreros, a las 3:00 de la tarde hizo una entrega de 255 mil pesos producto de la venta de sombreros y ya llevaba 70 mil pesos vendidos en la segunda tanda. A Luis Carlos Piedrahíta, vendiendo cerveza y aguardiente le debió ir muy bien, pues no quiso decir cuánto había vendido porque eso no era de él, sino de su jefe. Lo cierto es que a todos les fue bien y ello es un buen aliciente para continuar asistiendo a todos los eventos programados por la Feria de la Solidaridad y la Esperanza.
/William López Arango –
william.lopez@cali.gov.co  

Foto: Henry Martinez

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Fecha de publicación: 26/12/2010

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