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La última ceremonia de monseñor Isaías Duarte Cancino

La última ceremonia de monseñor Isaías Duarte Cancino

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Monseñor Isaías Duarte Cancino sonreía bajo los pies del gigantesco Cristo del altar de la iglesia El Buen Pastor, en el barrio Ricardo Balcázar.

En el 2002, el entonces Arzobispo de Cali observaba al párroco Óscar De la Vega organizar a las 100 parejas que llegaron de diferentes barrios del oriente de Cali, en busca de bendición a unas uniones que en algunos casos llevaban más de 30 años.

La iglesia, con capacidad para 400 personas, estaba atiborrada de familiares de los novios y curiosos. La multitud llegaba hasta la calle, donde tampoco fue suficiente el centenar de sillas plásticas de color blanco que compró el padre De la Vega. Más de 700 personas ocupaban el interior y el atrio de la parroquia.

“Siento una alegría muy grande, porque hay parejas que llevaban 45 años juntas y al fin pudieron santificar su amor con la bendición de Dios”, dijo el prelado, minutos antes de iniciar la última ceremonia de su vida.

Estaba feliz y a la vez sorprendido del matrimonio masivo en la pequeña iglesia adornada con bombas blancas y una decena de adornos florales.

“Hace dos años (en el 2000) bendije a 60 parejas por el año del Jubileo, pero lo de hoy alcanza dimensiones gigantescas y es una muestra de que la gente quiere vivir en paz con Dios”, dijo Monseñor, una hora antes de que dos jóvenes de cabezas rapadas le provocaran la muerte. “Por eso vine a casarlos yo mismo”, aseguró.

El Arzobispo llegó a las 6:30 de la tarde a la parroquia, donde el padre De la Vega convocó desde noviembre del 2001 a quienes vivían en unión libre, garantizándoles que la iglesia se haría cargo de los costos de los documentos necesarios para los matrimonios.

Tranquilo y confiado, Monseñor caminaba entre los feligreses a empujones. La ceremonia se inició con la marcha nupcial. El centenar de parejas se abrió paso entre fotógrafos, familiares y amigos.

El padre Joaquín Cortés, rector en ese entonces –aquel 16 de marzo de 2002– del Seminario de la Arquidiócesis de Cali, siempre estuvo cerca de Monseñor, quien llegó confiado y muy sereno.

Muchos asistentes ocuparon el altar. Los adultos estuvieron de pie y los niños en el piso, a pocos metros del entonces Arzobispo.

“Solo voy a decir dos palabras”, dijo minutos después del Evangelio. “Quiéranse y respétense”. Luego bromeó al recomendar a los nuevos esposos nada de violencia, “porque hay hombres muy guapos que les pegan a las mujeres, pero las mujeres tampoco se quedan atrás: no pegan, pero usan la lengua...”.

Una hora después de iniciar el matrimonio masivo, el prelado se acercó a cada una de las parejas. “A cada una casaré y les preguntaré si están seguros del paso que van a dar”, dijo.

Raúl Dávila y Rosalba Tascón, quienes en esa época habían convivido por 44 años, estaban nerviosos cuando Monseñor se les acercó. Junto a esta pareja, oriunda de Calima-El Darién, estaba uno de sus cuatro hijos, que también se casaba. “Estoy orgulloso de ustedes”, dijo monseñor. “Estoy muy feliz”.

La ceremonia finalizó a las 8:15 de la noche de aquel sábado. Monseñor se quedó un rato más en la calle, felicitando a algunos de los nuevos esposos.

Edilberto Ceballos, conductor del clérigo durante los siete años que cumplió como Arzobispo de Cali, lo esperaba a unos metros de la parroquia.

A las 8:30 de la noche se escuchó la balacera que extinguió la vida del ‘Apóstol de la paz’.

En ese momento, la gente huyó a sus casas.

 

 

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Fecha de publicación: 16/03/2012

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